Debo confesar que me encontraba trabajando ya en una columna con un tema completamente diferente al que trato el día de hoy, cuando me topé con una nota en el diario El País que llamó poderosamente mi atención, ya que nunca hubiera imaginado que el tema de los exorcismos pudiera tener alguna actualidad. Para mí, los temas relacionados con el demonio, o los demonólogos o los rituales exorcistas, me parecían cosa de un pasado remoto o si acaso, de aquella película que tanto me impactó, provocándome una que otra pesadilla en la niñez o adolescencia. A medida que leía aquello, pensaba en que definitivamente, apelando a las consideraciones que me tienen mis amables lectores, lo debía compartir con ellos.

En la nota referida, firmada por Dora Luz Romero y titulada “Los exorcistas tienen los días contados”, se publica la afirmación del sacerdote José Antonio Fortea, experto en demonología, en el sentido de que en España, los
días del exorcismo están contados. Si bien el padre Fortea ya no ejerce como exorcista, la nota lo identifica como “el rostro más visible de esa práctica” en la madre patria.

En ese mismo espacio, la reportera nos comparte el dato de que, según el estudio Exorcismos. Fuentes y
teología del Ritual de 1952, publicado en 2011, en aquel país el 26% de las 69 diócesis tiene un exorcista, habiendo ocho en Madrid, según el Arzobispado de la capital, uno por cada vicaría.

En este orden de temas, vale recordar que apenas en octubre de 2015 nos enterábamos que la escalera por la que cae y muere el padre Damien Karras en la película El exorcista tiene su reconocimiento oficial, con placa y todo. En efecto, el día anterior a Halloween, la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, develó la placa que hace de este sitio uno histórico del Distrito de Columbia. Ahí estuvieron el director y el guionista de dicha película, quienes pudieron atestiguar los cientos de “selfies” que se tomaron quienes asistieron. Una película que, al decir de su guionista, ciertamente se inspiró en hechos verídicos sucedidos en 1949, relacionados con un muchacho al que se le practicó un exorcismo, a partir de lo cual se volvió una persona normal.

Más allá de guiones y filmes, volviendo a enero de 2016, la misma nota señala que en marzo pasado se daba a conocer que un sacerdote, de nombre Jesús Hernández Sahagún, de Valladolid, había sido citado a declarar en el juicio promovido por la familia de una chica que había sido “exorcizada” en por lo menos diez ocasiones, lo que supuso para ella maltratos daños físicos y psíquicos de consideración. Si bien esta denuncia fue archivada, no hay duda que el precedente ha significado un golpe definitivo para esta práctica tan polémica, como (aparentemente) anacrónica. Baste imaginar la cantidad de denuncias que podrían venirse encima a quienes practiquen estos ritos, para entender la preocupación del padre Fortea.

A pesar de que un gran número de estudiosos del comportamiento humano afirman que no existe un solo documento científico que apoye la naturaleza sobrenatural de un fenómeno de posesión diabólica y que, hasta ahora, los casos a los que ha tenido acceso la ciencia demuestran que se trataban de fenómenos psicopatológicos o neurológicos, hay quienes creen en la existencia del demonio y en las posibilidades de que posea a una persona. Para estos estudiosos escépticos, el hecho de que algunas personas opten por este tipo de prácticas solo complica más el estado mental de quienes son sometidas a ello.

La nota aludida explora aún más el tema, relatando lo dicho por el cura Fortea en cuanto a las características que distinguen a los posesos, las cuales se contienen en el ritual de exorcismo, tales como “hablar varias palabras de un lenguaje desconocido, o entender al que las habla; hacer patentes cosas distantes y ocultas; demostrar una fuerza superior a la edad o a su condición natural”. Fortea dice que la persona “se vuelva como loca, como una bestia. Comienza a revolcarse por el suelo, a echar baba y el demonio habla a través de ella”.

El tema da para mucho (mucho más de lo que yo hubiera imaginado) y aunque mis lectores se inclinen por pensar como yo, que ha llegado el fin, todo parece indicar que entre los conservadores de la Iglesia todavía hay quienes creen en estos ritos y en sus efectos. Tal es el caso del padre Luis Santamarina del Río, miembro de la Red Iberoamericana de Estudios de las Sectas, quien considera que se seguirán practicando exorcismos, aunque ciertamente reconoce “que habrá de extremarse la prudencia, seguridad y garantías legales”.

En fin, inagotables parecen los vericuetos de la fe. E inacabables aparentemente las historias que se entremezclan con los mitos y las tradiciones. Mientras esto sucede, en México nos aprestamos a escenificar un tremendo fenómeno de fe católica con la visita del papa Francisco, en tanto que en España se debate en los medios si se debe o no se debe mandar al diablo los exorcismos.

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