¡No traigo cash, mano!

Esta frase se hizo célebre durante la campaña de Ernesto Zedillo para la Presidencia de la República en 1994, cuando le respondió así a una persona que le pidió una limosna. Los reporteros presentes que escucharon lo que el candidato le dijo, dados como son a observar y difundir lo irrelevante, lo anecdótico y lo chusco, de inmediato lo reprodujeron, dando lugar a un sinfín de comentarios, críticas y bromas.

Pues bien, viene a cuento la anécdota, a propósito de las noticias que vamos conociendo día con día, en relación a las decisiones adoptadas por varias economías del mundo para reducir la circulación de las monedas metálicas o incluso del papel moneda, eso que se suele identificar como el “cash”.
En efecto, según lo que se lee en los diarios, parece que no pasará mucho tiempo para que millones de personas en el mundo, se refieran a esta situación, de la falta de “cash” como algo de todos los días. Por ejemplo, recientemente se ha publicado que Dinamarca, a semejanza de otros países nórdicos como Suecia o Islandia, ha prohibido el uso de billetes y monedas como medios de pago en gasolineras, tiendas de ropa y restaurantes como la primera fase de un proceso que busca desaparecer el dinero en efectivo. Incluso, el banco central ha dejado de producir billetes y monedas.

En un interesante reportaje sobre el tema, publicado en el diario El País, se menciona que, de hecho, ya en la actualidad, la tercera parte de los ciudadanos daneses utilizan una aplicación llamada Mobile Pay como medio de pago, haciendo transferencias, lo mismo a cuentas bancarias, a tarjetas de crédito o débito o a teléfonos. En ese sentido, en el año anterior solo un 25% de las compras se llevó a cabo con dinero en efectivo. Los argumentos que esgrimen los promotores de estas medidas tienen que ver con la eficiencia económica, el aumento de la productividad, la reducción de los costos de transacción y un mayor blindaje a operaciones vinculadas con la evasión fiscal, la corrupción y los robos y asaltos.

Obviamente, en el otro lado de la moneda (nunca mejor aplicada la figura), surgen también los detractores que no dejan de señalar que esta medida afecta en mayor medida a los más desfavorecidos, que siguen dependiendo de la utilización de monedas y billetes. Igualmente, manifiestan su preocupación por el riesgo enorme de los hackers, siempre al acecho de las operaciones digitales.

Decisiones como ésta se dan en el marco de una cada vez menor utilización de los cheques o de los billetes y monedas como medios de pago en todo el mundo, siendo sustituidas por tarjetas de crédito y débito, por plataformas tecnológicas para teléfonos celulares o aplicaciones electrónicas de pago, y terminales móviles, lo que ha permitido que muchos millones de personas que no tienen servicios bancarios puedan realizar operaciones financieras con su teléfono celular. A tal grado sucede esto que en países africanos vemos cada día generalizarse más los sistemas de pago vinculados a teléfonos móviles, como sucede en el caso de Kenia, en donde más de la mitad de la población utiliza una aplicación lanzada por Vodafone en 2007, llegando a un volumen de transacciones que supera los 18,000 millones de dólares.

Algunos de esos países, literalmente, se saltaron la etapa de las líneas de teléfono a través del tendido de cables, para ir directamente a la tecnología celular. Curiosamente, este salto tecnológico los ha acercado a los mecanismos de pago más modernos del mundo. Así las cosas, por razones diametralmente diferentes, nos encontramos a economías tan dispares en cuanto a niveles de desarrollo, como Kenia y Dinamarca, experimentando estos cambios en el manejo del multicitado “cash”.

Como bien se señala en el reportaje referido, el tema da para mucho más si tomamos en cuenta que se viven otros fenómenos que también están replanteando la forma en que se pagan hoy en día las transacciones comerciales. Es el caso de las aplicaciones auspiciadas por Google (Google Wallet) o Apple (Apple Pay), como parte de toda una nueva tendencia tecnológico-financiera conocida como fintech, cuyo nombre alude a la tecnología financiera que cada día propone modalidades innovadoras en relación con todo esto. Muchas formas a través de las cuales las empresas relacionadas con las transacciones financieras se apoyan cada día más en la tecnología.

Igualmente, el surgimiento de las criptomonedas que, como en el caso de las bitcoins, son medios de pago digitales o virtuales que se apoyan en la criptografía para garantizar la seguridad de las transacciones, ha venido a proponer novedosas alternativas a la forma de cubrir las transacciones, invertir o especular en los mercados financieros. Evidentemente, ambos temas (fintech y criptomonedas) merecerían una o varias columnas para ser abordados suficientemente, pero el día de hoy las menciono solamente como otros elementos que transforman nuestra realidad financiera, modifican nuestras cuentas bancarias y parece que nos llevarán, algún día, a decir como aquel candidato “no traigo cash, mano”.

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