Así estaré (y conmigo mis contados y leales lectores) hasta el 8 de noviembre de este año, día de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América: con un ojo al gato y otro al garabato, dando de cuando en cuando seguimiento al proceso electoral en aquel país, pues nunca como hoy nos debe interesar prepararnos para cualquier escenario, incluido el indeseable de que Donald Trump llegara a alcanzar el triunfo en dichas elecciones. Veamos, pues, cómo pintan hoy por hoy las cosas.

El inicio de las elecciones primarias en Estados Unidos ha cambiado el panorama de la competencia política que se había pronosticado para este año. Hacia mediados de marzo, las elecciones primarias concluyeron en 38 estados; más de dos tercios de los 50 que conforman la unión americana. Estas arrojaron 1,681 delegados para Hillary Clinton y 927 para Bernie Sanders. Mientras que los delegados republicanos se dividen en 739 para Donald Trump y en segundo lugar Ted Cruz con 465 delegados; Marco Rubio salió de la contienda con 166 delegados tras perder su estado natal de Florida. El candidato demócrata necesitaría 2,383 de delegados para ganar, mientras que el republicano debería obtener 1,237 delegados.

En esta etapa de primarias, la nominación del candidato depende de una elección indirecta en la que los votantes seleccionan “delegados” en vez de candidatos. Estos delegados intermedios tienen el mandato de votar por quien haya ganado en su distrito. Los estados más poblados tendrán más delegados. Estos representantes indirectos emiten su voto en las convenciones estatales de cada partido.

La elección indirecta puede dar origen a que los porcentajes de la opinión pública no se reflejen en la elección final. Los delegados tienden a sobrerrepresentar a los candidatos más populares. El voto por un candidato ganador en un distrito se convierte en el voto de un delegado. Por lo que no hay representación proporcional para los perdedores. Si los competidores permanecen como la segunda opción, no recibirán delegados. Incluso, las reglas electorales locales en algunos estados como Florida y Ohio permiten que el ganador se lleve a todos los delegados del estado.

Esto supone un reto cuando un candidato como Rubio sale de la contienda. Una parte de los 166 delegados que obtuvo quedan libres para votar los candidatos restantes. Las reglas electorales estatales limitan el mandato sobre los delegados. Sólo 29 de los delegados de Rubio serían libres de votar por otro candidato; mientras que 34 más dependen de que Rubio los libere. Los restantes tendrán que votar por Rubio a pesar de haber salido.

Al cierre de 2015, las encuestas de opinión arrojaban un panorama favorable a Hillary Clinton con 62% y un 39% para Bernie Sanders, según la casa encuestadora Gallup. Pero la opinión pública cambia cuando las elecciones de esta precampaña comienzan. La balanza favorece a Clinton con 51.8% y a Sanders con 37.5%. La popularidad de Sanders ha crecido, pero la caída de 10 puntos en la popularidad de Clinton puede ser el mayor reto para la candidata y el partido. Sanders, sin embargo, no ha podido ser atractivo frente a los hispanos, quienes apoyan a Clinton en 71%.
Hillary Clinton, tras el fin del mandato presidencial de su esposo Bill Clinton, inició una carrera como senadora en la década de los 2000. Tras perder frente a Barack Obama en las precampañas de 2008, se incorporó a su equipo de gobierno como secretaria de Estado. Su gestión tuvo resultados mixtos y este pasado político suele presentarse en medios como un lastre a la imagen de Hillary Clinton.

Bernie Sanders proviene de un pasado como activista político. En la década de los noventa entra como representante por Vermont y permanece como legislador las siguientes décadas. Como tal, propuso iniciativas en contra del uso de las armas, la violencia contra las mujeres y la transparencia de las inversiones, así como posiciones opuestas a la guerra, principalmente durante la gestión de George W. Bush. Esto lo ha marcado como un político “antiestablishment” interesado en reformar el sistema estadunidense.

En esta campaña, Hillary Clinton ha logrado presentar temas de campaña en forma de políticas concretas orientadas a derechos para mujeres y minorías. Por otra parte, Sanders ha presentado temas a los votantes demócratas que Hillary no ha discutido. Estos temas se basan en desigualdad económica y salarios y, en parte, adoptan una postura crítica a la administración Obama.

En la trinchera republicana, al cierre de 2015, la competencia parecía favorecer un enfrentamiento entre Donald Trump y Ben Carson. Pero cuando iniciaron las primarias Ted Cruz se posicionó en el segundo lugar con 21.1% de las preferencias. Por otra parte, la popularidad de Trump ha crecido de 33.3% en diciembre a 38% en marzo de 2016, según la casa encuestadora de NateSilver.

Donald Trump proviene de un pasado empresarial al expandir el negocio de bienes raíces de su padre hacia entretenimiento y la compra de activos en múltiples industrias. Su imagen como candidato ajeno al sistema político le ha valido popularidad; pero la plataforma en contra de la migración lo ha convertido en el candidato con el mayor número de percepciones negativas (35%, un número casi igual al de opiniones favorables) entre los votantes republicanos.

Ted Cruz lleva una carrera como senador por Texas con un origen hispano. Sostiene posiciones más radicales en los temas relacionados con la familia y ha sido un crítico de la intervención del estado en la economía. Contrario a lo que pudiera pensarse, no sostiene posiciones muy favorables para nosotros en los temas de migración y minorías hispanas.

Estas encuestas se realizan principalmente en ciudades y no reflejan cabalmente la dinámica demográfica estadunidense. El entorno urbano, así como el voto de los jóvenes y latinos, tuvieron un peso decisivo en las pasadas elecciones presidenciales con una victoria demócrata. Pero estos votos se ven disminuidos si se separa al país en distritos en las elecciones para el Congreso. Las elecciones intermedias de 2014 produjeron una mayoría de representantes republicanos en el Congreso y es posible que se repita esta historia.

Aún faltan las elecciones de estados importantes con más de cien delegados: California y Nueva York. Si estos efectos que benefician a los punteros se cumplen, hay una gran probabilidad de que la contienda presidencial se decida entre Clinton y Trump. Sin embargo, los delegados de Rubio y los estados restantes pueden cambiar el panorama electoral republicano en favor de Ted Cruz. Ya lo veremos. Pero para lo que no hay ni siquiera que esperar un minuto más es para reflexionar que en esta contienda pareciera imponerse una corriente que refleja hartazgo en relación con el sistema en general. ¡Tomémoslo en cuenta, lo mismo para aquel país que para este!

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