¡Al contrario, aprovechemos el envión y vayamos por más! Coincido plenamente con el secretario de Educación, al expresar que las propuestas de Andrés Manuel López Obrador respecto al sector educativo son en realidad una burla. Una burla al pretender echar para atrás los avances que se han conseguido con la reforma educativa, la cual, a no dudarlo, es la más importante de cuantas se hayan promovido. De una mejor educación depende en buena medida que podamos aspirar a un mejor país. Lejos de pensar en echar marcha atrás, formo parte de la gran mayoría de los mexicanos, que pensamos que es momento de ir incluso mucho más allá en este tema. Por ello, apenas he tenido oportunidad, he expresado mi reconocimiento a la decisión con que actúa Aurelio Nuño para hacer realidad lo planteado por la reforma y aplicar la ley. Y es por ello también que me mantengo siempre atento a los temas vanguardistas en el rubro educativo.
Es en ese orden de ideas que me he interesado en dos esquemas educativos que han surgido en los Estados Unidos de América, como alternativas al sistema educativo público tradicional. Se trata de las llamadas Charter Schools y del Bono Educativo.

Dos novedosos esquemas que emergieron en Estados Unidos en la década de los noventa con el objetivo de mejorar la calidad de las escuelas. Las Charter Schools y los bonos educativos buscan que el beneficiario de la política pueda elegir la calidad educativa que prefiera. Ambas alternativas cambian los incentivos del sistema y los ponen en manos de actores independientes. En el caso de las Charter Schools los incentivos se encuentran en la independencia de la escuela; en los bonos educativos, el incentivo está en manos de los padres de familia. El día de hoy nos ocuparemos de las primeras.

Las Charter Schools son escuelas que reciben dinero público, pero operan de manera independiente del sistema educativo. Este modelo surgió en Estados Unidos en St. Paul, Minnesota, en 1992. Posteriormente, se creó el Federal Charter School Program en 1994, con una reforma a la Elementary and Secondary Education Act. El programa establece que estas escuelas tendrán la independencia en la gestión. Ésta sólo se encuentra limitada por dos reglas: no pueden cobrar colegiatura ni restringir las admisiones. Las Charter Schools reciben recursos federales y de programas similares en los estados por cada alumno inscrito.

Las Charter Schools son instaladas por concesionarios privados que adquieren una licencia y recursos para operar como escuela. Las escuelas tienen autoridad para establecer sus admisiones, programas, pruebas y forma de gasto. Esto les da autonomía para fijar sus programas de estudios y criterios académicos. Adoptar la autonomía en la gestión escolar se basa en el supuesto de que elevará el desempeño escolar de los alumnos. Pero también existe una implicación de competencia en la que las escuelas que son capaces de ofrecer mejores contenidos son preferidas sobre escuelas de menor calidad.

Estas escuelas tienen una matrícula equivalente al 4% de los estudiantes estadunidenses. Su número ha aumentado de 5,000 escuelas en 2009 a 7,000 en 2014 y actualmente cubren 42 estados. No sufren limitaciones de zonificación, por lo que alumnos de cualquier distrito pueden entrar.

Las Charter Schools exitosas han demostrado que el tamaño de la clase, la certificación de profesores o docentes con elevada educación tienen poco efecto en la calidad. En cambio, ciertas prácticas de enseñanza han mejorado la calidad:
Énfasis en el capital humano.
Basar la instrucción en los datos del estudiante.
Proveer un fuerte componente de tutoría.
Extender el tiempo de las tareas.
Establecer una cultura de altas expectativas.
Las Charter Schools que incorporaron estos 5 elementos lograron mejorar el desempeño de los alumnos en matemáticas, aunque no en comprensión de lectura. Esta mejora en matemáticas es 7% mayor a la de las escuelas públicas tradicionales. Como efecto de largo plazo, las Charter Schools tienen una mayor tasa de graduados a nivel preparatoria, a pesar de que no existan diferencias en los resultados de los exámenes para obtener el grado.
Entre otros factores, estas escuelas poseen entre 35% y 25% más tiempo de instrucción que las escuelas tradicionales. En promedio, poseen un contenido de materias más complejo que las escuelas públicas. A diferencia de las escuelas públicas tradicionales, los profesores no se encuentran sindicalizados, pero también tienen menores certificaciones. Estos maestros son más jóvenes y enfrentan un menor salario que en el sistema público tradicional.
Las Charter Schools atienden a problemáticas más allá del salón de clases. En un estudio centrado en Nueva York, se observa que llegan a vecindarios más pobres y en mayor grado a minorías étnicas respecto a las escuelas públicas tradicionales. Los estudiantes hispanos aumentaron de 19% a 27% en estas escuelas entre 2001 y 2010; es una cifra 5 puntos más alta que el promedio de las demás escuelas públicas. El sistema de financiamiento por alumno es otro de los retos de estas escuelas, cada alumno recibe 28% menos que una escuela pública tradicional, por lo que frecuentemente buscan donadores externos.

El 10 de diciembre de 2015, la Elementary and Secondary Education Act fue reformulada como la Every Student Succeeds Act. Esta reforma busca un mayor componente estatal de financiamiento para las escuelas rezagadas y una evaluación de profesores y alumnos más profunda. En el tema de Charter Schools, la reforma busca replicar las experiencias más exitosas, así como incentivar la creación de nuevas escuelas y facilitar su financiamiento externo.
Así las cosas, secretario, vamos para adelante, a palabras necias oídos sordos. La sociedad está dispuesta a sumarse. Por lo pronto, en mi comunidad de Los Saucos, en Valle de Bravo, he promovido algo similar entre los vecinos y ya estamos listos para trabajar al lado de la secretarías de Educación federal y estatal en experimentar en favor de nuestra preparatoria que, en medio del campo, es nuestro orgullo y mejor elemento de transformación social. Anímese y vamos juntos..

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