Nueva York, NY. No sé qué es lo que se puede tener en la cabeza —además de un vistoso copete rubio— para no entender el valor que los hispanos tienen para la economía de los Estados Unidos. Me encuentro en Nueva York y hasta el momento he viajado en taxi (y en Uber), he desayunado, comido y cenado en diferentes restaurantes, me hospedo en un hotel de la cadena Marriot, he comprado algo por aquí y por allá y prácticamente en todos esos lugares he interactuado con por lo menos un hispano, la mayoría de origen mexicano, pero no solamente, también los he conocido de origen dominicano, colombiano, guatemalteco, ecuatoriano, por mencionar solo algunos. Prácticamente en todos lados he hablado en español con alguien.

Asistí también en el famoso Radio City Music Hall al Up Front de las empresas del grupo Comcast, que posee a NBC Universal, Telemundo, E enterteinment, entre otras cadenas. En ese evento, por primera vez hecho simultáneamente por parte de todas sus plataformas, cada una de ellas mostró a su clientela su programación en forma verdaderamente apabullante, dejando constancia de la forma en que acercan, a través de su programación, las marcas de su clientela a su enorme auditorio. Viene al caso mencionar esto, pues ahí tuve oportunidad de ver lo que presentó Telemundo, en relación a lo que planea para los siguientes meses, dirigido al mercado hispano. Y les aseguro, mis queridos lectores, que seguramente no me equivocaré al afirmar que éste será el segmento de mercado más dinámico y con mayor capacidad de gasto y crecimiento.

Así pues, de una y otra forma, el solo hecho de estar en los Estados Unidos de América en todo momento nos hace constatar la presencia de una comunidad hispana llena de vitalidad, muy numerosa, crecientemente influyente y avanzando en todos los frentes. Ni hablar también de los productos y servicios hechos en México que uno puede encontrar por todas partes, tales como los automóviles, si tomamos en cuenta que casi el 30% de los que se adquieren en los EUA proviene de nuestro país. Por todo eso es que, como ya lo he dicho anteriormente, uno se sorprende y preocupa de que haya en las campañas electorales propuestas como las de Donald Trump, contrarias a esta comunidad hispana y abiertamente proteccionistas, buscando aislar a su país del resto del mundo, imponiendo gravámenes de hasta un 45% a nuestras exportaciones y a las de países como China. Un verdadero salto al pasado en materia de comercio internacional, que había quedado superado, desde mi punto de vista irreversiblemente, desde hace muchos años.

Considero que Jaime Zabludovsky es uno de los mexicanos que más sabe de nuestra relación económica con los EUA. Su conocimiento trasciende los límites que impone la teoría, ya que en la práctica se distinguió por haber sido uno de los protagonistas en la negociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, sin duda una de las negociaciones comerciales que cambiaron el perfil del comercio internacional no sólo en Norteamérica, sino en todo el mundo. Y precisamente Jaime publicó el 4 de mayo en la revista Letras Libres un artículo titulado “El verdadero muro de Trump”, en el que en unos cuantos párrafos echa abajo las propuestas del xenófobo precandidato, principalmente por inviables.

Zabludovsky nos recuerda la forma en que las propuestas proteccionistas que varios candidatos han hecho en el pasado, como una forma de congraciarse con algunos segmentos electorales, como los sindicatos, se han quedado tan solo en buenas promesas, cuando la realidad se ha impuesto y se ha tenido que recular o simplemente han ido a parar a las cajas del archivo muerto.

Celebro lo que he leído recientemente en los medios en cuanto a que México prepara una importante ofensiva de imagen en el vecino país y por ello me ocupo en esta columna de algunas ideas alrededor de dicha ofensiva. Para hablar sobre el tema, parto de la pregunta que plantea el título de esta colaboración, en cuanto a que el TLC celebrado entre Estados Unidos de América, Canadá y México nunca debió haber sido considerado como una meta alcanzada, sino como un punto de partida. A partir de esa nueva realidad, construir una sólida estructura social en favor de dicha integración. Y en ese orden de ideas, quizá de manera muy simplista, lo que propondría es rehabilitar toda aquella estrategia que, como país, seguimos todos en aquel entonces para lograr que el llamado NAFTA, por sus siglas en inglés, fuera suscrito y finalmente aprobado por los Congresos de los tres países.
Creo que no habría que inventar el hilo negro. En aquel entonces, el gran valor de la estrategia adoptada fue lograr concientizar a todos los sectores acerca del valor que podría llegar a tener nuestra integración comercial, así como ordenar nuestra presencia, dando importancia especial a que fueran los propios empresarios americanos y canadienses, socios de los nuestros, quienes hicieran lobbying en su país y con sus Congresos. Y de manera sobresaliente, funcionó que actuáramos como una sola (y poderosa) voz, con una sola instancia mixta (pública y privada). Creo que sería momento de replicar el ejercicio.

En mi actividad de consultor en temas de turismo, he podido darme cuenta del enorme potencial que el sector tiene para activamente participar en ese cambio de percepción, si tomamos en cuenta que la gran mayoría de los 32 millones de personas que nos visitaron el año anterior fueron ciudadanos norteamericanos que seguramente se llevaron, como suele suceder, una magnífica impresión de nuestro país. Me parece que juntos, como uno solo, Claudia Ruiz Massieu, Ildefonso Guajardo, Enrique de la Madrid y Luis Videgaray, acompañados de empresarios, académicos y trabajadores, tienen un enorme reto por delante.

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