¿Poner las barbas (con “B” de Brexit) a remojar?

“El populismo y el nacionalismo galopan y contaminan”, recién escribió Felipe González al abordar el tema del Brexit que apenas hace unos días conmocionó al mundo y quizás cambió su destino radical y definitivamente. Los populistas saben llegar a las emociones de la gente, llevándola a tomar decisiones riesgosas. Ya el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial o la revista The Economist, entre otros, anotaban la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea como uno de los principales riesgos globales que podrían amenazar a las finanzas y al comercio mundial. Hoy ese riesgo se ha materializado. El 23 de junio, la Comisión Electoral de este país convocó a una votación para elegir si “¿Debe el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o debe abandonar la Unión Europea?”. Los resultados fueron de 51.9% a favor de salir de la UE contra 48.1% a favor de permanecer.

Gran Bretaña entró a la Comunidad Económica Europea (el antecesor de la Unión Europea) en 1973. Esta entrada consistía en un acuerdo para adquirir los beneficios comerciales y de cooperación regulatoria para un mercado común. Posteriormente, el surgimiento de la Unión Europea añadiría más reglas de integración y gobernanza no sólo económicas, sino financieras, de cooperación, agrícolas, industriales y de migración. Estas reglas, principalmente las de cooperación para el desarrollo y migración, han sido parte del debate político entre los partidos Laborista y Conservador, en un país que se ha distinguido por su reticencia a una plena integración europea, La condición insular de Gran Bretaña se ha impuesto ante la visión de una Europa única.

Por varios lustros el proyecto europeo pareció avanzar con buenos resultados para el desarrollo de la región y para la incorporación de nuevos miembros que parecían fortalecer el mercado interno europeo y agregar escala y dimensión a este bloque económico ante otros competidores, hasta que, tras la crisis de 2008, las economías europeas entraron en una recesión de la que no se han podido recuperar. Entonces, lo que parecía ser solo bonanza, mostró algunas vulnerabilidades y encendió focos rojos de alarma. Particularmente, Grecia llegó a un estado de bancarrota en 2015, que dio lugar a un debate entre los países miembro de la Unión Europea sobre la pertinencia (y, en su caso, conveniencia) de comprometer enormes sumas de euros para rescatar esa economía o no. Alemania lideró una iniciativa de rescate. Pero al interior de los países miembros surgieron voces que argumentaban que no se debía utilizar el dinero de los impuestos para rescatar economías fallidas.

Todo esto en medio de una creciente movilización en contra de los flujos de inmigrantes a la Unión Europea, liderada por partidos populistas de derecha. El más importante en Reino Unido es el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), dirigido por Nigel Farage con 27% del voto. En el marco del enfrentamiento entre el primer ministro, David Cameron, y el líder laborista, Jeremy Corbyn, sobre los costos de permanecer en la Unión, Nigel Farage aprovechó para lanzar una campaña de referéndum sobre la permanencia. Cameron en busca de fortalecer su apoyo electoral tras seis años de gobierno, decidió lanzar este referéndum convencido de que el resultado le sería favorable a él y a la permanencia.

Como se puede observar, fue una votación cerrada con una diferencia mínima y con poca homogeneidad, en la que parece haberse impuesto la voluntad de las personas mayores, por encima de la de los jóvenes que en su mayoría votaron por la permanencia. Como se ha llegado a decir, aquellos que no tienen ya mucho futuro han cancelado el de quienes si lo tienen. Todavía debe reservarse un pronóstico certero de lo que habrá de suceder, pero por lo pronto, han sonado alarmas que muestran a una Escocia que podría convocar nuevamente a un referéndum en busca de su independencia, o a otras naciones que podrían ser influenciadas por Gran Bretaña para actuar en forma similar. No es exagerado hablar de que todo el proyecto europeo está en riesgo.

En efecto, Brexit marca un momento de incertidumbre sobre las finanzas, el comercio y la política migratoria no sólo de Reino Unido, sino de Europa y el mundo. La estabilidad de las divisas de Reino Unido y Europa ya se encuentra comprometida; principalmente la de la libra, la cual perdió 3.6% de su valor. El debilitamiento del comercio podría agravar la recesión y sin duda se aprecia en el horizonte una política más restrictiva de movimiento trasnacional.

México tiene una relación económica importante con Gran Bretaña, siendo este país el cuarto destino más importante de nuestras exportaciones a la Unión Europea. Asimismo, el Tratado de Libre Comercio con Europa es uno de los más inclusivos que México ha suscrito y la salida de Gran Bretaña podría significar un replanteamiento de la relación comercial con aquel continente. No obstante, a mi modo de ver, el mayor riesgo para nosotros lo constituye la posibilidad de que surja alguna corriente que apoye una acción similar con relación al TLC. Por lo pronto, Trump ya se ha pronunciado al respecto, como era de esperarse.

Para el mercado financiero, significaría una mayor apreciación del dólar. Los inversionistas verán el euro y la libra monedas más inestables y preferirán tener activos en dólares. Lo que haría que aumente el valor de la divisa estadunidense, y su precio en pesos suba. La noche del 23 de junio el dólar alcanzó un precio de 19.45 pesos. Para contrarrestarlo, la Secretaría de Hacienda y el Banco de México emitieron un anuncio para un recorte de 31,715 millones de pesos al gasto público. Esto generó un momento de confianza, situando al dólar en 18.75 pesos.

Los partidos populistas de derecha han aprovechado este momento. Marine Le Pen ha llamado para repetir el proceso en Francia; el presidente Hollande negó la necesidad de una votación de este tipo. En cambio, en España, Brexit ha tenido un efecto pro europeo en las elecciones generales del 26 de junio. Antes de Brexit, se esperaba un debilitamiento del Partido Popular y el fortalecimiento de la plataforma euroescéptica de Podemos. La caída de la libra y el pronóstico de recesión en Reino Unido quizá fortalecieron la plataforma pro europea del PP, permitiendo que el partido de Mariano Rajoy tuviese incluso mayor apoyo que antes de las elecciones.

The Economist señala que la salida de Reino Unido provocaría una contracción de 1% del PIB y una tasa de desempleo de 6% para 2018. Los servicios más afectados serían farmacéutica, telecomunicaciones y finanzas.

Brexit muestra los costos de tomar caminos opuestos a la integración económica. México se encuentra en un momento de fortalecimiento de la relación del TLCAN con la cumbre del 29 de junio entre Barack Obama, Justin Trudeau y Enrique Peña Nieto. Pero esta integración depende en gran medida de la voluntad de los líderes. Este panorama podría cambiar en 2017 si triunfa un candidato como Trump. La pregunta es si debiéramos poner las barbas a remojar…

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