El reto americano. ¿La expectativa que necesitamos?

Nunca antes fue tan importante para México su relación con Norteamérica como ahora. Especialmente si es que en ella reside la expectativa que nos está haciendo tanta falta. Hay momentos en los que todo parece conspirar en contra del futuro de nuestro país. Creo que vivimos uno de ellos. Sin temor a equivocarme, veo hacia delante de un escenario poco alentador. Claramente percibo (y ojalá que me equivoque) los signos para una “tormenta perfecta”.

Un populismo reinante que crece amenazando en muchos sentidos a todo el mundo. Ni izquierdas ni derechas se salvan de él. El “hartazgo” es el signo de los tiempos y abre las puertas a cualquier propuesta que cambie el statu quo. Sin claridad acerca de los resultados de tomar caminos alternativos radicalmente diferentes, los pueblos parecen dispuestos a probar suerte, con tal de cambiar. El cambio como tal parece tener, por sí mismo, un valor enorme. Ahí está el caso reciente del Brexit.

En los Estados Unidos de América, uno de los más destacados exponentes de ese populismo tiene posibilidades reales de convertirse en el próximo presidente de ese país. En México, después de un considerable descalabro electoral, en el que se registró un sensible avance de la alternativa más identificada con el populismo, el actual régimen enfrenta serios problemas vinculados con la gobernabilidad del país, los cuales se relacionan, además, con la puesta en marcha de reformas, como la educativa, que significan una verdadera diferencia de futuro para varias generaciones, reformas que no pueden ser abandonadas o “negociadas”.

Quiérase o no, a esa circunstancia política debe agregarse el hecho de que, a estas alturas del gobierno de Enrique Peña Nieto, ha de iniciarse el proceso relacionado con la sucesión presidencial, que no hará sino complicar aún más el panorama. Por lo que hace al PRI, la lucha se dará lo mismo hacia adentro del equipo presidencial, que entre aquellos priistas tradicionales que se sienten heridos, ante los resultados electorales, y se ven ajenos a ese grupo íntimo que gobierna. Una casta política urgida de vender su versión de que las derrotas son resultado de las pobres cuentas que rinde el equipo gubernamental. Grupos que no tardan en aparecer en escena como una alternativa viable para el 2018.

Un partido seriamente lastimado lo mismo por acciones que omisiones cuyo costo político está pagando. Un gobierno que está cargando con toda la factura derivada de la imposibilidad de sacar adelante un sistema anticorrupción en toda forma. Y gobernadores que dejan el poder en medio de burdas estrategias que buscan asegurar su impunidad. Las encuestas de aprobación o popularidad arrojan una percepción en general muy negativa por parte de la población.

Por lo que hace a la oposición, desafortunadamente una conseja popular lo resume todo: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Con mayor o menor sentido de responsabilidad, las opciones políticas lo intentarán todo, con tal de llevar agua a su molino. Desde alianzas con otros partidos con los que no los identifica nada más que vencer a un tercero, hasta provocación y revueltas que siembren miedo, desánimo y generen desconfianza y la percepción de “desgobierno” que tanto parece beneficiar a los “mesías”. Ya pudimos ver apenas hace unos días lo rentable que puede resultar para un grupo político ser apedreado por otro.

Y por si lo anterior fuera poco, nuevas luces de alarma se encienden en materia de inseguridad y violencia en estados de la república donde esto parece ser una novedad, como Guanajuato, en donde se ha asentado recientemente la inversión extranjera, tan sensible a estos temas.

En el ámbito económico, a pesar de la vigencia de un entorno macroeconómico estable, y de procesos de inversión en marcha, como resultado de ciertas reformas estructurales (destacadamente la laboral o la energética, la financiera y la de telecomunicaciones), señales como el tipo de cambio generan alarma y afectan la percepción del futuro. La incertidumbre acerca del futuro de la economía mundial poco ayuda a mejorar las expectativas, especialmente si tomamos en cuenta lo sucedido en Europa o las amenazas que nos presenta el panorama político estadunidense.

Ante este panorama, solo un verdadero “quiebre” en las expectativas puede mejorar nuestro destino. Y la pregunta obligada sería entonces: ¿En dónde están las expectativas positivas que podrían cambiar este escenario? Y a mi modo de ver, y sólo por lo que hace al ámbito económico, la respuesta la podemos encontrar en dos frentes, uno interno y otro externo que, no obstante, se relacionan entre sí en varios sentidos: el incremento a la productividad (que ya hemos tratado en otra ocasión) y el relanzamiento de nuestra integración comercial regional, no solamente norteamericana, sino continental, americana.

Así como suena, anticlimático como parece, creo que no tenemos otra alternativa que salir, de la mano de Canadá y los Estados Unidos de América, a recuperar al cien por ciento el valor que ha tenido, pero especialmente el que puede llegar a tener para los tres países el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. Hemos perdido varios años valiosos para haber creado conciencia entre los pobladores de esta región acerca del valor que para Norteamérica ha tenido este acuerdo comercial. He afirmado en este mismo espacio que haber considerado la suscripción del TLC como una meta y no como un punto de partida ha sido un grave error. Todas aquellas instancias de Lobbying y aquellos esquemas de trabajo conjunto entre los sectores privado y público de los tres países jamás debieron ser desmantelados, sino fortalecidos, para socializar suficientemente, todos los días de estos veinte años transcurridos, el tema entre la población.

He visto hace unos días la fotografía de los tres presidentes dándose la mano e inevitablemente vino a mi memoria aquel momento de 1994 que nos cambió el futuro…y las expectativas. Y he pensado que nunca es tarde para retomar lo que dejamos inconcluso. Y he visto al día siguiente la imagen de los presidentes de la Alianza del Pacífico reforzando su acuerdo, y he pensado que, venturosamente, hoy podríamos agregar un componente estratégico a ese acuerdo regional, consistente en una visión continental, de mucho mayor alcance: un reto y al tiempo una oportunidad para toda América, que le permita dar una respuesta contundente al mundo como toda una región económica, de escala suficiente como para competir y ganar. Y permitirnos generar una gran expectativa.

Pocas personas conocen el tema americano como Roberta Jacobson, quien fue capaz de conducir y lograr el restablecimiento de relaciones entre Cuba y su país. Pocas personas podrían, como ella, sensibilizar y convencer a Hillary Clinton sobre esta posibilidad que quizás pueda ser la respuesta demócrata a Trump que no parece verse por ningún lado. Veremos…

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