¡Pobres de los pobres, que ahora ya no sabrán ni cuántos ni qué tan pobres son! Pero el tema no sólo afecta a quienes padecen de la falta de un ingreso digno, suficiente para disponer de lo mínimo necesario para proveer a sus familias de alimentación, vivienda, salud, transporte o recreación. Pobre país, que ahora también padece la pobreza de información, en el momento y en el tema menos indicados.

Se habla de que los de la CNTE son unos delincuentes, de que Osorio les da lo que no se merecen, de que en algunas zonas del país se acribillan alcaldes lo mismo por una turba enardecida que por mandato del crimen organizado, que la economía informal se multiplica y lo invade todo, que la corrupción se encuentra en todos los sectores y en todos los niveles de gobierno. Se habla y habla de todos esos males que como país padecemos. Pero poco se habla de la pobreza y de la desigualdad, que quizá explicarían buena parte de esas cosas malas de las que se habla y se habla.

Y cuando finalmente se llega a tratar el tema y se hacen públicas cifras que buscan ilustrarnos sobre la situación de la pobreza, resulta que la información es, por decir lo menos, cuestionable. Para hablar sobre el tema, he de iniciar señalando que he sido un ferviente admirador, tanto del Coneval como del INEGI, desde que fueron creados. Al igual que muchos mexicanos, he celebrado que tengamos este tipo de instituciones con autonomía e independencia, pues creo que son fundamentales para evitar la manipulación de información por parte de los gobiernos, con intereses políticos, tal como sucediera recientemente en Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Quizá por ello es que lamento el debate entre el Coneval y el INEGI, que hemos presenciado en días recientes, a partir de la publicación de cifras de pobreza por parte de este último, lo que ha generado dudas no sólo sobre los umbrales para definir pobreza, sino sobre la credibilidad de ambas instituciones. Ante las nuevas cifras de INEGI sobre el ingreso de los hogares en 2015, Coneval se percató de un salto inconsistente de 11 millones menos de pobres, por lo que se rehusó a emitir la medición 2016 de la pobreza en México. Posteriormente, los titulares de ambas instituciones se vieron obligados a comparecer ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para establecer la razón de esta discrepancia.

En 2015, el Coneval estimó que entre 2012 y 2014, el número de mexicanos en pobreza creció de 53.3 millones a 55.3 millones. Este aumento de 2 millones se calculó con un umbral de 2,542 pesos de ingreso mensual por hogar urbano. Una disminución de 11 millones de pobres en 2015 parece inconsistente cuando en 2014 existió un aumento de 2 millones. Ante la actualización de datos de INEGI, Coneval se percató de un aumento excepcional de 33.6% en el ingreso de los hogares más pobres en un año cuando la tendencia de los pasados 15 años venía siendo estable.

Tanto Coneval como INEGI utilizan la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) para estimar el ingreso de los hogares mexicanos y establecer el umbral de pobreza en relación con los programas de desarrollo social. El INEGI argumenta que la Encuesta 2015 tiene la misma metodología que sus predecesores, pero los datos se depuraron y verificaron mejor que en ediciones anteriores. Esta depuración hace imposible comparar las cifras de 2015 con las que se realizan desde 1992.

Pablo Álvarez Icaza relata, en su columna de El Universal, que tanto el secretario José Antonio Meade como investigadores del INEGI se habían percatado de que la medición de la pobreza era inexacta y necesitaba una actualización. Sin embargo, también argumenta que romper con una estimación de 25 años puede hacer inconsistente la comparación entre años.

El INEGI ha creado a lo largo de 30 años una reputación como una institución estadística independiente y oportuna a nivel internacional. Para ello, ha evolucionado de una dinámica censal y de cuentas nacionales a una medición de las políticas sociales, de seguridad y economía del

país. Por otra parte, Coneval posee un doble mandato de medir la pobreza y evaluar la política social del país según la Ley General de Desarrollo Social.

Más allá del debate técnico de la encuesta, se encuentra el debate sobre la efectividad de la política social en México. La pobreza se ha mantenido entre el 50% y 53% de la población de 2002 a 2014, a pesar de los cambios a Oportunidades-Prospera. Estos porcentajes dependen de una estimación imperfecta, que al actualizarse puede ofrecer cifras más alentadoras. El Banco Mundial observa efectos positivos en Prospera, cuyos beneficiarios tienen una mejora de 10 meses más de escolaridad o una reducción de 11.8% en los casos de anemia en niños. Pero en agregado, según las antiguas mediciones, permanecen en pobreza de ingresos.

Existe un riesgo en una comunicación confusa de estos resultados. En primer lugar, porque se pone en duda la credibilidad de las instituciones que miden la pobreza en México. En segundo, porque ya no sería posible estimar el efecto de las políticas sociales, lo cual es de fondo verdaderamente grave, si tomamos en cuenta que es el principal problema que tenemos. De por sí nos empeñamos en darle la vuelta y evadir incluso hablar de ello. Con mayor razón, si ahora tenemos el pretexto de desconocer la realidad.

No sé qué tiene que pasar para que entendamos que ahí reside la razón de buena parte de lo que nos disgusta. Yo pensaría que ya, con todo aquello de lo que se habla, habría razones suficientes, como para que nos hiciéramos cargo todos, pero no parece ser así, cuando incluso nos damos el lujo de gastar millones en medir mal el problema. ¡Pobres de los pobres… y de todo el país indiferente en el que vivimos!

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