Expresión popular muy utilizada en el país vecino al norte, la he escogido para titular esta columna, pues, más allá de pretender un pronóstico sobre el resultado electoral para el 8 de noviembre, deseo llamar la atención de mis lectores sobre algunos temas que no se nos deben escapar, pues, a mi parecer, la hacen diferente a cuantas le han precedido. Se trata de la incertidumbre institucional, la participación de los hispanos y el voto de los millennials.

Cuando escuché los señalamientos de Donald Trump en sus últimos debates, pensé que tal vez, ahora sí México y los Estados Unidos de América se parecían mucho en algo, aunque no estaba tan seguro de que ni los norteamericanos ni nosotros tuviéramos que alegrarnos por ello. Primero, la denuncia por parte de Trump de un complot (compló, en el más puro lenguaje tabasqueño) para robarle la elección, orquestado magistralmente por los medios de comunicación y por sus reales e imaginarios enemigos (que, desde luego lo son también del pueblo al que se propone salvar), y todo ello dirigido magistralmente desde la oficina del perverso villano, Carlos Slim.

En segundo término, el cuestionamiento de Trump a la credibilidad de un sistema electoral que es uno de los más importantes pilares de aquella democracia. Cuando, en el tercer debate, el moderador preguntó a Trump si aceptaría los resultados del colegio electoral, éste señaló que lo pensaría y lo decidiría en su momento. Durante el debate, argumentó que los medios eran corruptos y habían recibido dinero para pagar spots contra él. Asimismo, argumentó que el sistema político estaba comprado porque no se debió permitir la candidatura de Hillary Clinton por sus antecedentes. Esta sería la primera vez que un candidato estadounidense desconoce abiertamente el resultado electoral antes de la elección.

Y en tercer lugar, las amenazas proferidas contra su rival, a quien concretamente amenazó con meter a la cárcel. Una combinación de advertencias preelectorales, típicamente mexicana. Lo suficientemente similares a esas que bien conocemos, capaces de generar un ambiente de incertidumbre, como los que aquí hemos vivido, el cual resulta muy negativo y de consecuencias que serían, como suele decirse, de pronóstico reservado, dado que Trump ha jugado el todo por el todo en esta aventura política. Una prueba de fuego para el sistema judicial norteamericano y para la vigencia del estado de derecho.

El tema del voto hispano se vuelve más que relevante en esta elección, dados los antecedentes que se han generado entre los inmigrantes, producto de los ataques y amenazas del candidato republicano. De los votantes hispanos en Estados Unidos en 2012, el 77% señalaba que tenía intención de votar; en 2016, esta cifra es de 69%. Sin embargo, en 2016 representan la cifra histórica de 27.3 millones de votantes latinos registrados; esto es, 12% de todos los votantes, cifra suficientemente importante como para hacer la diferencia en esta elección.

Pew Research señala que 44% de estos votantes pertenecen a la generación millennial y son el grupo que contiene más jóvenes. Uno de cada cinco hispanos votará por primera vez en esta elección. Hillary Clinton tiene más apoyo proveniente de los latinos de más edad que de los millennials. Un 64% de los millennials latinos señalan que solo votarán por Clinton para evitar una victoria de Trump. Mientras que los latinos mayores votarán por sus propuestas. Algunas encuestas recientes señalan que mientras el 58% de los latinos votaría por Clinton, el 19% lo haría por Trump.

El número de hispanos insatisfechos con el rumbo de la nación aumentó de 50% en 2012 a 57% en 2016. Pero el principal tema que preocupa a los latinos en la elección es la educación (83%), seguido de la economía con 80% y en, tercer lugar, el sistema de salud (78%), mientras que 7 de cada 10 latinos piensan que la migración es muy importante para ellos.

En lo que hace al voto de los millennials en general, durante las primarias Bernie Sanders logró atraer su preferencia; sin embargo, tras la nominación, Hillary Clinton ha fallado en atraer este voto tradicionalmente demócrata. Este grupo entre 18 y 25 años habría sido clave en las elecciones de 2008 y 2012 para el triunfo de Obama; es el grupo de edad más grande entre la población estadunidense. En ambas elecciones, el apoyo millennial por Obama se encontró entre el 80% a 60%.

En una encuesta de Gallup de mayo, 60% de los millennials señalaban que los candidatos estaban hablando de temas que les interesaban y que cualquier candidato parecía ser buen presidente. Sin embargo, sólo 32% de los millennials cree el sistema electoral funciona, mientras el resto piensa que necesita una reforma. Asimismo, Gallup señala que sólo 21% está interesado en seguir la elección día a día.

Sanders obtuvo cerca del 71% de los votos millennials durante las primarias respecto al 28% de millennials que votaron por Hillary. En este sentido, se refleja la preferencia de este grupo por los outsiders del sistema político. En cambio, los grupos entre 30 y 35 años prefieren a Clinton; Brookings Institution señala que esto se debe a las propuestas de campaña orientadas a la familia; Clinton tuvo un mejor desempeño que Sanders entre los demócratas mayores de 45 años.

Para Brookings, los millennials tienen valores de idealistas pragmáticos. Creen fuertemente en causas sociales, al igual que la generación de baby boomers y se sienten cómodos con la generación de Sanders y Clinton. Pero buscan que los políticos hagan cosas como planteó Obama durante su administración; es decir, que buscan resultados. Clinton busca continuar algunas de las agendas de Obama en política de salud y derechos civiles. Esta agenda que debería estar en el interés de los millennials no tiene ese efecto automático.

La encuesta de George Washington University Battleground Poll señala que 73% de los millennials tiene opiniones negativas sobre Trump. Por otra parte, 68% consideran que Clinton aboga por las clases medias, 64% confía en ella para dirigir la política exterior y 61% piensa que dirigiría la economía mejor que Trump. A nivel agregado, tiene 46% de apoyo entre los millennials respecto al 26% de Trump.

En estos tiempos recientes en que los resultados de plebiscitos y elecciones han sorprendido a los más informados, no debemos perder de vista elementos como los que he tratado, pues nos guste o no, la moneda sigue en el aire y las consecuencias de los resultados impactarán mucho más allá del día 8 de noviembre de 2016. Veremos.

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