Tres eventos me han hecho escribir esta columna. El primero, las noticias que leo día con día en Toronto (a donde las circunstancias de la vida me han llevado a pasar una buena parte de mi tiempo), sobre la inminente legalización de la producción y consumo de mariguana que, según una de las notas que vi, permitirá a los ciudadanos de aquel maravilloso país cultivar mariguana en sus casas y desde luego, consumirla libremente. El segundo, un interesante y revelador estudio llevado a cabo por Yahoo y la Marist University, acerca de la realidad sobre el consumo de mariguana actualmente en los EUA.Y finalmente, las noticias que todos leímos acerca de la situación caótica (literalmente en llamas) que se vivió en la ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas, hace solo unos días debido al abatimiento de importantes capos de cárteles de la droga.

Mientras en el vecino del norte los “churritos” circulan a discreción y más de la quinta parte de la población parece ser literalmente “pacheca”, en México seguimos empecinados en una absurda guerra contra la droga, y sus comerciantes, que nos llena de terror y destrucción. Allá los “pasones”y aquí los muertos, las armas y los balazos. Y más al norte de aquí y de allá, en Canadá, a punto de legalizarse.

El aludido estudio de Yahoo sobre la sociedad americana y su consumo de mariguana, nos arroja interesantes datos que ilustran bien lo que quiero decir. En la primera de varias gráficas, nos muestra que en la actualidad 55 millones de adultos consumen “normalmente” cannabis, entendiendo por “normalmente” que lo han hecho por lo menos una o dos veces en el último año, y de estos, cerca de 35 millones son usuarios regulares, esto es, que consumen mariguana por lo menos una o dos veces al mes. Es interesante el número de 55 millones, si tomamos en cuenta que el relacionado con fumadores de cigarrillos es apenas 4 millones más grande (59).

En cuanto a la aprobación social del uso legal de la mariguana, el estudio cuestionó por separado la aprobación del uso medicinal de la hierba, encontrando que un 83 por ciento de los encuestados lo aprueba, mientras que en cuanto al uso recreacional, la situación es dividida ya que un 49 por ciento lo aprueba, mientras que un 47 por ciento no está de acuerdo. Sin duda resulta interesante observar que mientras el 77 por ciento de quienes la han consumido, aprueba su uso recreacional legal, esta cifra es sólo del 26 por ciento tratándose de quienes nunca la han probado.

Por otra parte, mientras que nosotros desplegamos impresionantes operativos para destruir plantíos, a veces atacando a las poblaciones aledañas, dicho análisis nos muestra que la mayoría de los americanos encuestados (56 por ciento) consideran que el consumo de mariguana es socialmente aceptable, mientras que un 42 por ciento no lo cree así y el 2 por ciento no está seguro. En este sentido, para los primeros, el hecho de que personas para ellos estimables o admirables, como su doctor o el maestro de la escuela de sus hijos o su atleta o artista favorito haya consumido mariguana no tiene nada de malo, ni hace ninguna diferencia en su aprecio por ellos. No obstante, se mantiene una abrumadora mayoría (del 79 por ciento) que desaprueba que los padres la consuman delante de sus hijos.

Otro aspecto que ha llamado poderosamente mi atención, es conocer que el 70 por ciento de los encuestados creen que la mariguana es menos perjudicial que el alcohol o que el 76 por ciento piense que es menos dañina que el tabaco o que el 67 por ciento opine que es menos perjudicial que la adicción a los calmantes medicinales. Todo ello explica, desde luego, que se consuma tan comúnmente, en la mayoría de los casos por los llamados millenials y también mayoritariamente por padres de familia, quienes, según lo muestra también el estudio la esconden en sus casas en los lugares más extravagantes.

Esa es la sorprendente (para muchos) realidad. Viendo esto, no queda ninguna duda que el mercado americano para la mariguana es enorme y seguramente produce enormes beneficios a la sofisticada y eficiente cadena que la distribuye en aquel país para esos millones de consumidores, los cuales ni remotamente se inhiben de consumirla por ser ilegal. Y es inevitable pensar en lo que podría llegar a suceder, socialmente hablando, si se suspendiera o aminorara sensiblemente el abasto.

Por ello es que yo no dejo de señalar —malpensado como soy—, que resulta más conveniente para la sociedad americana y para sus autoridades, distraer a la opinión pública con la problemática de la producción y distribución al sur de las fronteras, evitando, sistemática y exitosamente, que se hable de lo que sucede en el territorio americano. Allá, seguramente con la hilaridad que producen los “toques”, nuestros pachecos vecinos observan entretenidos y aparentemente escandalizados, la forma en que gobierno y cárteles se encuentran en medio de una sangrienta guerra en la que nadie gana nada,… excepción hecha de los consumidores satisfechos.

Y ahí viene a cuento lo que los canadienses se disponen a hacer, en cuanto a la legalización de la producción y consumo de mariguana y que debiera obligarnos a repensar si no debiéramos hacer lo mismo y dejar de padecer esta violencia, sustituyéndola por una actividad legal que se convirtiera en fuente de crecimiento y empleos para muchos. En pocas palabras terminar de una vez por todas con esta guerra en favor de los pachecos y su adicción.

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