En 2018, 1.99 millones de mexicanos de 18 años de edad estarán registrados en la lista nominal y se sumarán a otros 13.04 millones de jóvenes menores de 24 años que habrán de votar por primera vez en una elección presidencial y que representan el 17% de la lista nominal.

Y si en esta ocasión, dada la fragmentación del voto, unos cuantos puntos podrían definir el resultado, ya podremos entender de qué manera podrían influir estos chavos millennials en el futuro de todos nosotros. Por ello, he considerado interesante compartir con mis queridos lectores cierta información relacionada con este segmento de la población.

En Estados Unidos, los millennials fueron decisivos para las campañas de Obama (con participaciones de 52%), pero también fueron un factor relevante en la elección de 2016 al perder el interés por participar después de la derrota de Bernie Sanders en las primarias demócratas. En Estados Unidos, los millennials representaron sólo 25% de los votantes en 2016; esta generación tuvo una menor participación que otros grupos de edad. Por otra parte, los millennials son una población que tiene preferencias mayormente demócratas, siendo 27% profundamente demócratas y otro 27% moderadamente demócrata; sólo 17% se considera conservador. Asimismo, 50% de ellos no se encuentra afiliado a ninguna institución política y 25% no se identifica con instituciones religiosas.

Esta tendencia de baja participación es similar en México, donde los jóvenes entre 18 y 29 años tuvieron una participación de 59%, respecto al promedio nacional de 62% en las elecciones de 2012. Dentro de este grupo, los hombres participan menos que las mujeres, mientras que Aguascalientes, Baja California Sur, Oaxaca y Michoacán fueron los estados con menor participación en la elección presidencial pasada.

Según la encuesta de Consulta Mitofsky de final de las precampañas, publicada el 15 de febrero, los jóvenes de 18 a 29 años tienen una preferencia de 31.8% por López Obrador, de 16.8% por Ricardo Anaya y de 12% por José Antonio Meade. Sin embargo, el grupo más grande de jóvenes es aquel que no declaró una preferencia en la encuesta.

Por otra parte, la encuesta de 2017 de Deloitte a millennials muestra los intereses de los jóvenes respecto a los líderes y lo que esperan de la política. Los jóvenes en economías emergentes se muestran más positivos que sus pares en países desarrollados acerca del futuro de la economía (57% respecto a 34%) y la política (48% respecto a 25%). Así mismo, México aumentó su optimismo en 13% en estos temas respecto a la encuesta de 2016. En cambio, los millennials en economías emergentes se encuentran más preocupados que los países desarrollados por la corrupción (58%), la desigualdad (50%) y el desempleo (39%), y en menor medida por el cambio climático (29%).

Los millennials esperan que los líderes se comporten de manera ética (65%) y estén comprometidos en mejorar la sociedad (62%), pero creen que los líderes empresariales y políticos están más preocupados por seguir sus propias agendas (59%). En el aspecto referido a qué instituciones pueden generar una transformación, los millennials confían en mayor medida en las organizaciones internacionales (78%) y en segundo lugar consideran que los propios países (75%) y las ONG (73%) pueden propiciar cambios. Sin embargo, pierden confianza en las empresas multinacionales (59%) y en los individuos fuertes con soluciones radicales (51%).

Según Deloitte, los millennials también valoran los mensajes directos (67%) y las opiniones apasionadas (55%) en los líderes políticos y de negocios. Sin embargo, valoran poco que estos líderes adopten posiciones sobre transformaciones radicales (40%) y agendas nacionalistas (44%); en cambio, prefieren la adopción de agendas globales. Por otra parte, los jóvenes perciben que hay temas en los que las políticas locales son más efectivas que el activismo tradicional. Éstas serán más eficaces, en primer lugar, en el medio ambiente (43%); en segundo lugar, en la equidad social (39%), y en tercero, en el comportamiento de las grandes empresas (31%).

Los jóvenes han buscado involucrarse en ciertas iniciativas en distintos niveles: según la encuesta de Deloitte, 77% se ha involucrado en una causa social; 40% busca tener un interés activo mediante redes sociales e información especializada; 30% ha decidido participar como voluntario activo; 30% se convirtió en miembro o hace una donación regular a una causa, y 23% se dedica a recaudar fondos y organizar acciones sociales.  También, los jóvenes perciben tener una mayor influencia si actúan en temas de medio ambiente (38%) y equidad social (33%).

Por otro lado, los millennials se están alejando de las redes sociales; el Banco Mundial señala que la generación entre 35 y 49 años pasa más tiempo en redes (31:40 horas por semana) que los millennials (26:49 horas). Tan sólo 25% de quienes utilizan Facebook como fuente de noticias son millennials, respecto al 40% con edades entre 30 a 49 años. De quienes leen noticias en twitter sólo 28% son millennials. De todas formas, los grupos que más utilizan estas redes están en el rango de edad  de 30 a 49 años, lo cual apunta a una menor relevancia de las redes para informar a este grupo de edad.

Ahí están, pues, algunos datos de estos jóvenes que bien podrían determinar el resultado de la próxima elección. Y así quedan señalados varios de los rasgos que los identifican, las cosas que les interesan y los valores que sostienen, para que los candidatos y los partidos los consideren en este momento de contienda electoral. Que me disculpe la memoria de Rubén Darío, al haber tomado el título de ese bello poema, para subrayar el tesoro (electoral) que esta juventud representa para los mercaderes del voto y el poder.

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