Si no se tratara de la tragedia social que esto encierra, movería a risa imaginar a unos cuantos miles de centroamericanos invadiendo a los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo, que ya ha enviado a miles de efectivos a custodiar su frontera para evitarlo. La pobreza y la violencia expulsan a diario a miles de personas en busca de un futuro más promisorio.
Una primera caravana de migrantes salió de San Pedro Sula, una de las ciudades con mayores índices de violencia de Honduras, el 13 de octubre, rumbo a la frontera con Estados Unidos. Al momento de la entrada a México, la columna había reunido a más de 7 mil 200 migrantes. Siguiendo a ésta, una segunda columna de migrantes cruzó la frontera el 29 de octubre, provocándose un enfrentamiento con la policía en la valla fronteriza de México con Guatemala. Esta semana han llegado a Tijuana, ciudad donde esperarán recibir asilo en Estados Unidos.
En esta ocasión, el hecho de que viajen juntos para protegerse en una ruta llena de riesgos, lo mismo provenientes del crimen organizado que de las autoridades migratorias y de seguridad en Centroamérica y en México, hace lucir al fenómeno más impresionante. Pero la verdad es que este éxodo es constante a lo largo de todos los meses del año.
Como señalábamos líneas arriba, ante la noticia de que el destino de la caravana sería Estados Unidos, y que le seguirían más grupos, Trump reaccionó desplegando 5 mil 200 efectivos militares a la frontera, endureciendo el proceso de asilo y demandando acciones por parte de México para regularizarlos y detenerlos. Asimismo, ha amenazado retirar la ayuda a Guatemala y a El Salvador si no detenían a los migrantes en su territorio. Es verdaderamente miope esta visión de las cosas y la respuesta militar al fenómeno, que merecería un tratamiento mucho más humanitario, efectivo y de largo alcance.
Según ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, más de 57 mil personas de Honduras, Guatemala y El Salvador buscaron asilo en otros países durante 2017; Honduras y El Salvador siendo los principales emisores. Amnistía Internacional señala que, a pesar de la caída de la tasa de homicidios en Honduras, la violencia y la impunidad continúan, deteriorando la confianza en las autoridades y el sistema de justicia. Durante este año, se llevaron a cabo protestas, denunciando la falta de transparencia en torno a las elecciones presidenciales de 2017, las cuales fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad, lo que provocó la muerte de al menos 31 personas y diversas detenciones arbitrarias. Por otra parte, El Salvador aún posee una de las tasas de homicidio más altas del mundo.
Agravando la situación, a la violencia se suma la pobreza. Consideremos que la población en Honduras que vive con menos de 1.9 dólares diarios representa 16 por ciento de los habitantes. A quienes huyen de estos dos flagelos, se unen aquellos que ya han sido deportados y que buscan regresar con sus familias.
Uno de los retos para los países que reciben a estos migrantes consiste en atender las necesidades de salud y agua. La CNDH ha reportado que dos de las madres que viajan en la caravana han dado a luz; asimismo, existe un número importante de niños viajando en condiciones vulnerables. UNICEF México calcula que uno de cada cuatro integrantes de la caravana es menor de edad.
Las solicitudes de asilo a México se incrementaron 66 por ciento durante 2017. Asimismo, durante 2018 se han presentado 1,700 solicitudes de refugio y de éstas, 196 personas habían pedido el retorno asistido. Chiapas se ha convertido, en las décadas pasadas, en un punto de tránsito migratorio. Estos flujos se encuentran relacionados con la migración laboral al estado de 100 mil trabajadores en décadas pasadas.
La administración de Enrique Peña Nieto presentó el Programa Estás en tu casa, para que quienes deseen permanecer en territorio mexicano, puedan hacerlo de manera legal, solamente en los estados de Chiapas y Oaxaca. Sin embargo, la caravana decidió continuar hasta Tijuana.
Las causas más profundas de pobreza y violencia pueden atacarse desde los países que reciben migrantes con políticas de cooperación económica. Uno de estos ejemplos fue la Alianza para el Progreso, entre 1961 y 1970, durante la presidencia de John F. Kennedy. Entre sus objetivos se plantearon el establecimiento de gobiernos democráticos, la estabilidad macroeconómica y una distribución más equitativa del ingreso.
Durante las administraciones de Obama y Trump, la estrategia para Centroamérica de USAID plantea que “la seguridad y la prosperidad de Centroamérica están directamente relacionadas con la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos”. Para ello elabora programas en tres pilares: seguridad, prosperidad y gobernanza. Éstos buscan atacar las causas de la migración ilegal y buscan reducir el impacto del crimen organizado. Asimismo, la Unión Europea ha planteado una agenda 2014-2020 que constituye el primer Acuerdo de Asociación de región a región con Centroamérica. El acuerdo se basa en tres pilares: integración económica regional; seguridad y el estado de derecho; y cambio climático y gestión de desastres.
Con motivo de la celebración de la Cumbre de Negocios de 2018, tuve oportunidad de escuchar de boca de Andrés Manuel López Obrador que su equipo ya trabaja en un programa de cooperación con EU y Centroamérica por un monto de 30 mil millones de dólares, lo cual me hizo albergar esperanzas, si no de una solución en el corto plazo, sí de un enfoque diferente del problema por parte de nuestros vecinos.
Por otra parte, hemos sido testigos de la importancia que el próximo gobierno ha dado al tema de un mayor desarrollo para el sureste mexicano, a través de la promoción de proyectos como el Tren Maya o el del Corredor del Istmo de Tehuantepec. Creo yo que, en este orden de ideas, el turismo, junto con un mayor énfasis en la estrategia de las zonas económicas especiales, le dejan la mesa lista a López Obrador para operar la mayor transformación social en la historia reciente. Ya hemos visto en la zona de Cancún y la Riviera Maya la capacidad para generar, en el corto plazo, miles de empleos permanentes. Eso mismo podría hacerse en todo el Sureste y en los países centroamericanos, con los recursos provenientes de la cooperación con los EUA.

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