Siento muy necesario seguir sobre la idea de explorar señales que arrojen luz sobre esta oscura incertidumbre que parece inundarlo todo. En esta nueva práctica de que la voz del poder se haga escuchar cotidianamente, vemos cómo se abren frentes nuevos todos los días, se dictan medidas inéditas, se denuesta a personas y organizaciones a diestra y siniestra, se generan afrentas, y de ello pareciera quedar, como saldo generalizado, una sociedad confundida que no se atreve siquiera a aventurar un resultado de toda esta novedad. Obviamente, los opositores políticos al gobierno no pierden oportunidad tampoco de atizarle para beneficio de sus causas, acentuando las dudas y la necesidad de tener más de lo que se suele llamar “datos duros”.

Así como nos remitimos hace unos días a explorar lo que son los objetivos de la ONU para el futuro, o el sentir de los miembros de LinkedIn, hoy nos adentramos en los resultados de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO) del INEGI y el Banco de México. Esta encuesta se lleva a cabo mensualmente en 32 ciudades a personas mayores de 18 años y mide el promedio cualitativo de cinco indicadores en cinco respuestas (ponderadas de 0 a 100). Los dos primeros indicadores se relacionan al hogar y miden la situación económica de éste comparada con el año anterior y la situación esperable dentro de 12 meses. El tercero y cuarto son a nivel nacional y evalúan la situación económica del país comparada con la de un año antes y la situación económica nacional a 12 meses en el futuro. Por último, se pregunta sobre las posibilidades del hogar para realizar compras de bienes durables, respecto a las existentes en un año anterior.

Este índice alcanzó durante enero de 2019 su nivel más alto en las dimensiones de economía personal y nacional, desde que se calculó por vez primera en 2001. De igual forma, las expectativas de mejora del empleo también son las más altas sobre las que se tiene registro. Así mismo, todos sus componentes mostraron un aumento, creciendo en agregado 32.4 por ciento respecto a enero de 2018.

Estas tendencias están fuertemente vinculadas con el resultado de la elección; a partir de julio de 2018 las cifras de confianza comenzaron a tener una tendencia al alza. El gran salto en la confianza ocurrió durante ese mes con un aumento de 5 puntos porcentuales respecto al mes previo, y de 16.82 respecto a julio de 2017. A partir de ese momento, el índice ha sufrido altibajos hasta situarse en enero en los 45.9 puntos (respecto a los 37 puntos de julio pasado).

El componente más relevante de este crecimiento fueron las expectativas sobre la condición económica del país esperada dentro de un año, con un aumento de 14.6 por ciento respecto a diciembre de 2018 y un crecimiento de 43 por ciento respecto a enero de 2018. Es decir, los consumidores esperan un mejor panorama en términos de empleo y gasto.

La percepción de los hogares sobre la situación economía para 2019 llegó a los 58 puntos, el mayor nivel en la historia del índice. Asimismo, la expectativa económica para el hogar en 2019 aumentó en 18.5 por ciento respecto a enero del año pasado.

Otro de los indicadores es la expectativa de los hogares para comprar productos durables, como muebles, televisores, lavadoras o aparatos eléctricos. El incremento respecto a 2008 fue de 24.1 puntos. Este indicador sigue una tendencia más lenta que otros indicadores desde julio; sin embargo, respecto a enero de 2018 creció en 30.8 por ciento.

Es interesante señalar que las dos dimensiones que crecieron a un ritmo más lento desde julio de 2018 fueron la situación económica del hogar respecto a la de un año y las posibilidades para realizar compras de bienes durables. La tendencia de estas variables ha sido creciente pero a un ritmo menor. Los aumentos mensuales son de 0.9 y de 1 puntos, siguiendo las tendencias de periodos pasados.

Otros subindicadores relevantes son: la posibilidad de ahorrar parte de los ingresos, el cual subió 12.3 por ciento respecto al año pasado; las posibilidades de ahorrar en el próximo año, el cual subió 14.6 por ciento. Asimismo, las expectativas sobre realizar un viaje se incrementaron 27.4 por ciento respecto a enero de 2018, al igual que la expectativa de compra de un automóvil, la cual creció 13.2 por ciento. El subindicador que ha subido más es la expectativa de que los precios de los bienes no registren aumentos importantes, con 115.5 por ciento respecto a 2018.

Esta confianza simboliza una recuperación respecto a enero de 2017, momento en el que el índice alcanzó su punto más bajo con 29.1 puntos. Las razones de la caída de la confianza en 2017 fueron una inflación de 6.66 por ciento, aunque durante 2018 se realizó una recuperación hacia el objetivo de 4 por ciento. Para enero de 2019, el índice alcanzó los 45.9 puntos, lo que representa un crecimiento de 60.2 por ciento respecto a 2017.

Estas expectativas optimistas podrían reflejarse en aumentos de la demanda agregada debido a que también en 2018 se cumplieron las metas de inflación. Sin embargo, más allá de la percepción de confianza, los pronósticos de crecimiento para México siguen sin cambio; entre el 1.8 del Banco de México y el 2.5 de la OCDE, aunque se han empezado a registrar nuevos pronósticos menos optimistas.

Es indudable que un resultado electoral como el que vivimos, sólo se explica si va acompañado, lógicamente, por mejores expectativas. Es de tal profundidad el cambio que se decide a través de las urnas, que la gente espera mucho ahora de él. Conlleva esperanza y casi fe ciega. Y con ello, una cierta tolerancia o aprobación a priori hasta de lo más irracional. Lo que decida el hombre providencial elegido, está, por principio, bien y más vale que nadie piense lo contrario.

Sea como sea, ahí están las expectativas y ahí está la confianza que experimenta el consumidor. Ahí está como un compromiso, como un acicate y como una gravísima responsabilidad. Quien la ha provocado tiene ahora que honrarla. Veremos.

Leave a comment