Estaba yo al frente del Gobierno de la ciudad y un diario capitalino muy importante e influyente se empeñaba en presentar noticias negativas sobre mi quehacer, algunas de ellas muy sesgadas o de plano falsas. El consejo de mi área de comunicación fue siempre el mismo: “No les hagas caso, pues sólo les engordarás el caldo y eso es precisamente lo que están buscando”.

Llegó el momento en que la situación me pareció insostenible y sin hacer caso al consejo mencionado, le propuse al director del periódico que fuéramos a comer juntos. De inmediato aceptó y nos encontramos en un céntrico restaurante, en el que, una vez tomados los aperitivos, me permití preguntarle acerca de la razón a que obedecía la publicación de todas esas notas, las cuales, por cierto, llevaba yo analizadas en un documento por separado, de manera que quedara claro que eran, por lo menos inexactas o sacadas de contexto.

Mira, Óscar, me dijo, lo que pasa es que “tú eres como un toro que no embiste y al que hay que de plano acercarle mucho el capote”, sólo así reaccionas. ¡Ah, carajo! Le contesté con sorpresa e indignación. Ya entendí, le dije, con estas notas yo reacciono, el tema sigue en el aire y tú vendes muchos periódicos, ¿no? ¡Que a toda madre! Lo único que me parece mal, es que, en esa lidia de tu metáfora, yo no pueda cornarte.  Bueno, ésa es la manera en que tú lo ves, replicó. No, fíjate, le respondí, ésa es la desfachatez de la realidad. Obviamente la incomodidad nos acompañó el resto de la comida y si acaso algo cambió hacia el futuro, fue para mal. Así de fácil se puede manipular la información.

Traigo la anécdota a cuento a propósito del caso de Claas Relotius, reportero estrella de la revista alemana Der Spiegel, la cual he leído recientemente y es un ejemplo de cómo las fake news pueden durar mucho tiempo antes de ser detectadas. Relotius había producido más de 60 reportajes en los que lograba entrevistar a actores de conflictos, personalidades y oficiales a los que otros reporteros no podían acceder o convencer. Esto le permitió crear una fama de ser un reportero que llegaba a donde ningún otro había llegado y ganar en diferentes ocasiones el premio al periodismo alemán Reporterpreis. Sin embargo, las entrevistas en estos atractivos reportajes ¡eran inventadas! Hoy Der Spiegel realiza profundas reformas para evitar que un caso de fake news vuelva a ocurrir.

El proceso para revelar que estos reportajes eran falsos fue complicado, demostrando el trabajo que se tiene que realizar para detectar una noticia falsa. Originalmente invitado como co-reportero, Juan Moreno, freelancer para Der Spiegel, condujo con Relotius una investigación sobre las caravanas de migrantes en la frontera estadunidense y las reacciones de los grupos nacionalistas. Tras trabajar sobre la parte del artículo dedicada a los migrantes, Moreno recibió el borrador de Relotius sobre los vigilantes fronterizos, donde detectó varias inconsistencias.

El borrador que recibió Moreno contenía información que no tenía sustento en la visita, como entrevistas a los vigilantes nacionalistas que nunca ocurrieron. Los nombres de los vigilantes eran seudónimos y hacía mención a regiones montañosas de Texas, un estado con una geografía de planicies. Asimismo, partes del reportaje parecían ser un plagio de un artículo previo de The New York Times. La motivación de Moreno en un principio fue deslindarse de un posible artículo fraudulento, pero destapó un historial de artículos de Relotius que seguían la misma pauta.

Moreno viajó de nuevo a Estados Unidos para buscar a las personas entrevistadas, pero éstas jamás habían visto o hablado con Relotius. Moreno presentó a los editores de Der Spiegel las pruebas de que el borrador de Relotius contenía información falsa, pero éstos no le creyeron hasta que diversas inconsistencias en éste y otros reportajes de Relotius se acumularon.

De forma paralela, el reportero Boris Rozenkranz relata la historia de unos adolescentes disidentes encarcelados en Siria por pintar paredes contra el gobierno, al inicio de la guerra. Diversos medios buscaron a estos adolescentes para entrevistarlos, pero sólo lograron conocer sus nombres. Relotius, sin explicar cómo, publicó una entrevista con ellos.

Tras los resultados de esta investigación, Relotius admitió que 14 de sus artículos tienen información falsa y regresó los premios que había recibido. Sin embargo, Der Spiegel ha puesto una advertencia en todos los artículos del reportero, verificando que en 49 de ellos existe información falsa. El comportamiento del reportero debería haber sido motivo de alarma para la revista, Relotius se rehusaba a develar sus métodos de investigación por seguridad o por ser entrevistas a personajes protegidos, así como mostraba renuencia de que sus artículos se tradujeran a la versión en inglés de la revista.

Der Spiegel publicó en diciembre de 2018 un número especial dedicado al caso. Asimismo, en ese mes, la revista inició una demanda contra Relotius. Se espera que, para junio de 2019, la revista publique el informe definitivo sobre la investigación interna. Pero éste también es un caso del uso de las fake news para el beneficio personal. Relotius fue declarado culpable por fraude relacionado a una investigación sobre donaciones basadas en los artículos acerca de refugiados sirios. En éstos, Relotius invita a los lectores a donar a una cuenta vinculada a la suya.

La revista, con una redacción de 600 empleados, no pudo detectar el fraude de Relotius. Como consecuencia de este escándalo, la publicación ha formado una Comisión para revisar sus procedimientos de verificación con tres periodistas externos. Der Spiegel también ha cambiado a los editores de la revista: Ullrich Fichtner y Matthias Geyer, quienes dieron el visto bueno de sus artículos sin verificar sus fuentes. Su responsabilidad va más allá de la mera omisión, pues estaban interesados en el tono político crítico ante los Estados Unidos de los artículos de Relotius. Esto implica un incentivo perverso, no sólo de esta revista sino del periodismo en general, en el que el efecto del reportaje se privilegia sobre la veracidad.

Éste es un caso sobre cómo las noticias falsas pueden circular durante años. Revistas académicas como Columbia Journalism Review se preguntan si casos como éstos son excepcionales o si la forma de crear noticias en la actualidad impide verificar la veracidad de un evento. Aunque los medios están de acuerdo en que éste es un problema, no existe un consenso sobre los mecanismos para evitarlo. Así, este poder que, comúnmente dista de ser el “cuarto” para erigirse en algo más que eso, vive una crisis de credibilidad y es sustituido por uno que puede llegar a ser aún más perverso: las redes sociales.

Lamentablemente, este caso se presenta en una época en que los grandes populistas en el gobierno denuncian, acosan o persiguen a medios que disienten de ellos, convirtiéndolos en uno de esos enemigos ideales, en los que se sustentan parcialmente los regímenes de ese tipo. Así las cosas, cabe decir fake news, bad news.

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