Vivimos en una época en la que, cotidianamente, atestiguamos la forma en que lo que era sólo ficción, se convierte en realidad. Pareciera que transitamos sobre una tenue línea que separa lo imposible de lo posible. Quizás por ello, algunos de mis lectores me piden que vuelva sobre los temas relacionados con las llamadas tecnologías exponenciales, con la verdadera vanguardia tecnológica o científica. Y el tema de esta columna, sin duda tiene que ver con eso.

Me refiero a la comunicación entre cerebros mediante una red sin intermediarios, la cual es una de las metas de innovación que organizaciones como Singularity University plantean dentro de los próximos 10 años. Un equipo de ingenieros de la Universidad de Washington, compuesto por Linxing Jiang, Andrea Stocco, Darby Losey, Justin Abernethy, Chantel Prat, liderados por Rajesh Rao, desarrolló un primer sistema llamado BrainNet con este fin. Este sistema, según el artículo en el que los investigadores expusieron sus resultados1, es la primera red no invasiva de cerebro a cerebro de varias personas para resolver problemas en colaboración. La red combina los electroencefalogramas para registrar las señales cerebrales y la estimulación magnética transcraneal para entregar información no invasiva al cerebro.

El primer experimento de BrainNet fue la colaboración para resolver una partida de Tetris. La interfaz permitió que tres sujetos humanos colaboraran en una misma tarea. Dos de ellos asumiendo el rol de “remitentes” cuyas señales cerebrales se decodifican utilizando el análisis de datos del encefalograma en tiempo real, mientras ellos ven la pantalla completa del juego.

Sin embargo, el tercer sujeto, el receptor, sólo ve un bloque en la parte superior de la pantalla, por lo que debe integrar la información de ambas fuentes para decidir si se debe girar o no el bloque. Las decisiones de los remitentes se transmiten a través de internet al cerebro del receptor. Éste percibe un flash de luz en el lóbulo occipital, el área visual de la corteza cerebral, en diferentes intensidades que pueden interpretarse binariamente para girar o no girar los bloques.

Este estudio se replicó en cinco equipos de tres personas. Todos los equipos realizaron 16 pruebas y cada prueba se compuso de dos rondas: la primera ronda en donde se realiza el juego colaborativo de Tetris, la cual tuvo una tasa de éxito de 81.25%, es decir 13 resultados correctos de los 16 juegos. La segunda ronda, sin embargo, tiene que ver con la capacidad de identificar señales falsas.

En ésta, los remitentes tienen la oportunidad de examinar la decisión del receptor con la oportunidad de hacerle nuevas sugerencias a través de la interfaz cerebro a cerebro. Así, esta segunda ronda permite enviar comentarios al receptor para modificar su elección. Aleatoriamente, la interfaz hace que un remitente sea menos confiable al asignar decisiones incorrectas en diez de los dieciséis ensayos. En esta ronda, los investigadores examinaron cómo sucedía esta comunicación al observar el rendimiento del grupo, la tasa de comunicaciones verdaderas y falsas, y la información mutua entre los sujetos.

Como resultado, BrainNet permite a los receptores aprender a confiar en uno de los dos remitentes, según su tasa de éxito, por lo que introduce una forma de aprendizaje. Asimismo, los investigadores introdujeron elementos externos como ruido, para conocer si la comunicación se mantenía. Esta reacción involuntaria de los sujetos para discernir entre fuentes confiables es uno de los componentes esenciales de la resolución cooperativa de problemas, al igual que en una “red social” de cerebros conectados. Pero todavía queda camino por andar dado que el sistema opera con instrucciones simples, las cuales son binarias, y aún no puede transmitir palabras.

Éste no es el primer proyecto de comunicación cerebro a cerebro. En 2014, un equipo en España introdujo una interfaz que permitía que dos personas interactuaran en un juego de 20 preguntas. Así, BrainNet se basa en la experiencia del equipo español y en el propio trabajo de Rao. Sin embargo, aún está pendiente el examen académico de la comunidad de neurocientíficos externos, por lo que amerita tomarse con las debidas reservas.

Singularity University destaca algunas de las implicaciones que se podrían derivar de este tipo de comunicación: ¿Podrían eliminarse las palabras por completo? ¿Podría eliminarse el intermediario y así transmitir nuestros pensamientos directamente a un espacio digital? ¿Estaríamos hablando entonces de telepatía? ¿Pasaríamos así a disponer de un lenguaje universal sin palabras, usando sólo otro tipo de señales? Puede ser entonces que las posibilidades de un hipotético servidor en la nube permitirían la conexión global de nuestros cerebros.

Por otra parte, el Foro Económico Mundial, que sigue el tema como parte de su agenda científica, resalta la habilidad de los experimentos de BrainNet para hacer a los cerebros conscientes de las fuentes de información y discernir la toma de decisiones de terceros.

La pura explicación del experimento presenta desafíos, dada la complejidad del tema. Pero me he aventurado a intentarlo, pues creo que podría estar refiriéndose a un parteaguas en la comunicación humana y en la suma de talentos y habilidades para la solución de problemas. Quizás, así como decimos que cuatro ojos ven más que dos, diríamos también que dos (o tres o cuatro …) cerebros piensan más (y mejor) que uno.

1 BrainNet: A Multi-Person Brain-to-Brain Interface for Direct Collaboration Between Brains. https://www.nature.com/articles/s41598-019-41895-7

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