En los temas relacionados con la polémica cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), pareciera que aplica aquel dicho popular que reza “Que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”. O sea, el gobierno decide cancelar esta monumental obra y los afectados por no poder utilizarlo en sus viajes, no solo tienen que cargar con eso, sino que ahora resulta que tendrán que pagar una mayor Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA), que es un impuesto recaudado por las aerolíneas por cada pasajero (que posteriormente le entregan al aeropuerto donde despegan) con el fin de mejorar la infraestructura aeroportuaria.

Una de las consecuencias de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, consiste en tener que liquidar los compromisos financieros que se contrataron para desarrollar el proyecto. De los 692 contratos generados en el NAIM, 114 quedan pendientes de pago. La cancelación del aeropuerto de Texcoco dejó una deuda de 6 mil millones de dólares en bonos y 30 mil millones de dólares en certificados fiduciarios. Para hacer frente a esas obligaciones, se propusieron dos estrategias de financiamiento desde el gobierno federal. En diciembre, se lanzó una oferta de bonos por mil 800 millones de dólares que cubre alrededor de 20 por ciento de la deuda. En segundo lugar, la mayor parte de ese pasivo será financiado por una recompra anual de 200 millones de dólares de los bonos garantizados por la Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA) para lograr el pago total en un plazo de 19 años.

Para garantizar el pago de estos financiamientos, el documento Razones para la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto en Texcoco señala que se tomarán los ingresos de la TUA, los cuales se incrementarán en 58% para vuelos nacionales, pasando de 15 a 23 dólares y 143% para los internacionales, incrementándose de 18 a 44 dólares. Esto, en la práctica, representa una transferencia del costo de la cancelación del aeropuerto a los pasajeros. O sea que el gobierno lo cancela y, por lo menos en lo que hace a esta parte de los compromisos, no carga con ellos, sino que hace que lo paguemos los usuarios.

En un artículo de El Universal se destaca que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se ha convertido en el segundo aeropuerto con la TUA más alta en el mundo, después de la terminal de Heathrow en Londres, Inglaterra, donde los pasajeros pagan una tarifa de 58.1 dólares. Las diferencias entre ambos aeropuertos son grandes, el AICM sólo albergó a 47.7 millones de pasajeros y 458 mil 588 vuelos en 2018, mientras que el de Heathrow captó a 80.1 millones y 475 mil 624 vuelos. Asimismo, en carga el AICM sólo recibió 581 mil 675 toneladas, mientras que Heathrow transportó 1.7 millones de toneladas en 2018.

Comparados con el AICM, en los aeropuertos de Panamá se paga una tarifa de 40 dólares; Bogotá, 39 dólares; Lima, 30.4 y Santiago de Chile, 26 dólares. Asimismo, los aeropuertos fuera del continente cobran una TUA de 28.4 dólares; Frankfurt en Alemania y Charles De Gaulle, en Francia, de 26.7; Madrid, 23.5, y el de Narita, Japón, de 18.8 dólares. Y lo más paradójico es que, mientras que en esos países la infraestructura aeroportuaria tiende a contemplar megaaeropuertos, aquí tiramos por la borda lo hecho para tener uno de ellos en el caso de la terminal más importante del país.

A nivel nacional, también se ha vuelto el más costoso, superando al aeropuerto de Monterrey, que había sido el aeropuerto con la TUA más elevada en el país con 843 pesos para vuelos internacionales y 411 para vuelos nacionales. Antes del aumento, el AICM tenía una TUA menor que los aeropuertos de Monterrey, Tijuana, Guadalajara y Cancún; entre éstos, el aeropuerto de Cancún se ha vuelto el más competitivo, con una TUA internacional de 431 y 154 pesos en vuelos nacionales.

Como decíamos líneas arriba, la Tarifa de Uso de Aeropuerto es una cuota que los aeropuertos cobran por derecho de uso. Diversos factores como la demanda de hubs y los costos del aeropuerto afectan su valor. El destino de estos recursos se invierte en el mismo aeropuerto, pero bajo el nuevo esquema quedarán etiquetados para el pago de la deuda del NAIM.

Uno de los temas asociados al valor de la TUA es la competitividad regional. México compite con Panamá, que este 30 de abril concluyó el desarrollo de su nueva terminal B del aeropuerto de Tocumen, para convertirse en el punto de conexión entre el norte y sur del continente. Este proyecto ha sido denominado “Hub de las Américas” con el objetivo de incrementar la capacidad de pasajeros de 15 millones a 25 millones de pasajeros anuales.

La meta de financiamiento a 19 años supone que las tarifas de la TUA no disminuirán. Asimismo, 80 por ciento de la deuda del NAIM se encuentra concentrada en el mecanismo que toma a la TUA como garantía, lo que hace imposible destinar estos recursos a otros fines. Como medida paralela, el gobierno federal plantea invertir 3 mil millones de pesos en el AICM y abrir una tercera terminal, pero esto no se reflejará necesariamente en un aumento en el número de operaciones.

A mí, como a muchos, me cuesta trabajo entender cómo es que funcionará en la práctica el nuevo sistema aeroportuario que propone este gobierno. Simplemente no entiendo cómo se va a sustituir el concepto de un gran hub en donde conviven operaciones nacionales con internacionales a través de complejas conexiones. Probablemente se debe a que no soy un especialista o a que no se ha difundido suficientemente lo que se pretende. Lo que sí me queda claro, es que, de seguir adelante el actual gobierno con sus planes, ahora pagaremos una mayor tarifa aeroportuaria por una infraestructura de menor calidad. O en otras palabras, un derecho para mejorar la infraestructura aeroportuaria se utilizará para pagar el costo de destruir los avances en ese sentido. Suena bizarro, ¿no?

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