Recientemente, mi querido y admirado Gene Towle, presidente de SOFTEC, nos comentó haber leído un artículo de Jonathan Ruiz en el que se mencionaba un interesante estudio que, de manera un tanto anticlimática, hablaba de la posibilidad de que nuestro país experimentara, de aquí a 2030 un crecimiento en su Producto Interno Bruto, equivalente al 20%. Obviamente, frente a la terrible realidad que vivimos, pedí al equipo de Bufete Consulta se abocara a profundizar en dicho análisis, pues creo que, si algo nos preocupa profunda e intensamente, es que la economía siga en esta caída libre, con las consecuencias que esto significa para millones de personas.

En efecto, en dicha colaboración de Ruiz al periódico El Financiero, este excelente cazador de novedades del mundo de los negocios se refería a la consultora australiana AlphaBeta Advisors, por cierto, la cual publicó hace algunos días el reporte “The Digital Sprinters: How to unlock a US$3.4 trillion opportunity”. En éste, se analiza el desafortunado hecho de que la expansión de la conectividad y las nuevas tecnologías no se ha traducido en un mismo nivel de crecimiento económico en las economías en desarrollo.

Como parte del análisis que se realizó, se indica que si 16 países en especifico realizan algunos cambios de política pública, infraestructura y tecnología pueden generar beneficios, en promedio, equivalentes a 26% del PIB de dichas economías combinadas. En este tema es particularmente relevante observar el capítulo de México. AlfaBeta se especializa en el análisis económico y de estrategia para formular planes y políticas a prueba del futuro (future-proof) para gobiernos y empresas, y desde febrero de 2020, esta consultoría pertenece al ecosistema de Accenture.

En el contexto de la pandemia, la propuesta de AlphaBeta para recuperar el crecimiento consiste en formular políticas públicas para aprovechar el valor de las industrias digitales que los países desarrollados sí están utilizando. El reporte busca comprender cómo 16 economías emergentes pueden utilizar las tecnologías digitales para el desarrollo económico. Estas economías son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Egipto, Israel, Kenia, México, Nigeria, Perú, Arabia Saudita, Sudáfrica, Rusia, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Ucrania, y representan 13% del PIB, 16% de la población y 19% de los usuarios de Internet a nivel mundial.

El reporte señala que el mundo en desarrollo enfrenta la paradoja del crecimiento de Solow en lo que se refiere a capturar el valor del mundo digital. Aun cuando el progreso tecnológico es alto, y las tecnologías digitales son ahora parte del día a día, no es claro que este progreso se esté traduciendo en aumentos de productividad fundamentales (la productividad laboral global aumentó apenas 2.3% entre 2010 y 2017, mientras lo hizo en 2.9% de 2000 a 2007). A pesar de las inversiones en nuevas tecnologías, las ganancias son tan sólo marginales.

A nivel microeconómico, esta penetración está transformando los negocios de manera radical, generando nuevas oportunidades y aumentando la productividad de las empresas. Pero la pegunta aún es, ¿cómo traducir estos cambios en la empresa en cambios nacionales? Muchos países han invertido en el acceso al internet y la conectividad, anticipando derramas en la economía, pero poco se han concentrado en garantizar que existan políticas que hagan posible el uso completo de las tecnologías digitales por parte de todos.

México podría potencialmente alcanzar un impacto económico anual de hasta 316 mil millones de dólares para 2030 si se implementan políticas que soporten estas tecnologías digitales. En el reporte para México, AlphaBeta destaca que entre 2010 y 2018 aumentó en un 34% adicional la población conectada a internet. Asimismo, la reforma a Telecomunicaciones de 2013 mejoró radicalmente el panorama de competidores y servicios en el país. Sin embargo, sigue existiendo una gran disparidad entre la velocidad de los cambios tecnológicos y el crecimiento de 2.7 en el PIB mexicano, así como el aumento de la productividad de tan solo 1% para 2018.

Ocho grupos de tecnologías digitales se examinan en este reporte, pero sorprendentemente, es en los sectores tradicionales de recursos naturales, infraestructura y agricultura donde las transformaciones tecnológicas pueden generar hasta 52% del crecimiento prospectivo. En recursos, la industria petrolera y de extracción experimenta una transformación radical al incorporar tecnología para impulsar la eficiencia en las operaciones mineras. Este nivel de inversión fue posible después de la revolución del gas shale en Estados Unidos.

En infraestructura, la digitalización a gran escala podría ayudar a la industria de la construcción a ahorrar entre un 12% y un 20%, lo que equivale a entre USD1 y 1.7 billones anuales. En agricultura y alimentación, se puede optimizar el rendimiento de los cultivos con sistemas GPS y sensores, software de gestión agrícola, drones y robótica avanzada. Así, las nuevas granjas podrían mejorar sus rendimientos en 40% durante los próximos 20 años.

Una de las mejores prácticas de planeación nacional de innovación son los Mapas de Transformación Industrial de Singapur, mapas que se desarrollan en asociación con la industria y la sociedad civil. Éstos tienen un énfasis en las habilidades, trayectorias profesionales, las habilidades existentes y emergentes para las ocupaciones del futuro de esta nación. Una encuesta de 2018 reveló que, entre 700 empresas en el país, 36% los utiliza para planear sus demandas de talento y mano de obra.

Algunas de las tecnologías que han emergido en los pasados 10 años ya se encuentran operando de manera habitual en los negocios. El internet móvil, la computación en la nube, el Big Data y la inteligencia artificial se están adoptando en las economías en desarrollo y es probable que la siguiente fase de la penetración digital en estos países provenga de los sensores y la ciudad inteligente. Así mismo, en la producción, la robótica avanzada y la “manufactura aditiva” pueden transformar las cadenas de valor. La primera busca acelerar los procesos con robots cada vez más accesibles y para labores más complejas, mientras que la segunda propone que integrando más elementos a los productos y más tecnología a los materiales el valor agregado de los productos puede aumentar.

Más importantemente, el reporte enlista 12 acciones de política digital que pueden mejorar las condiciones nacionales para aprovechar la oportunidad de desarrollo encabezada por la tecnología.

Éstas son: colaborar en el establecimiento y seguimiento de estándares; reutilizar la infraestructura pública existente para proporcionar acceso digital; crear un marketplace para datos abiertos; establecer plataformas para interactuar e innovar en contenidos de múltiples autores; desarrollar centros de transformación digital y fábricas de aprendizaje; construir infraestructura digital preparada para el futuro con la interoperabilidad y la mejora; digitalizar pagos para crear incentivos para la adopción de herramientas de fintech; responsabilidad de los gobiernos y las agencias adecuadas en cada etapa estrategia; aprovechar la computación en la nube para aumentar la eficiencia en todo el gobierno; utilizar la co-creación, la economía colaborativa y los nuevos incentivos digitales para estimular la innovación; apoyar a quienes quedan rezagados por la transformación digital, y equipar a las personas con las habilidades digitales.

Sin embargo, el reporte señala que los gobiernos deben centrarse en un máximo de 6 para no dispersar recursos limitados o competir en los mismos bienes digitales que otros países.

Lamentablemente, mi querido lector, cuestiones de política pública que no parecen estar en la agenda gubernamental. Por lo que creo que las organizaciones empresariales deberían jugar un activo rol para lograr que se hagan realidad. Quizás un empeño parecido al que vemos en Singapur…

¿Será posible o es un sueño guajiro?

Leave a comment