Primera parte

Me pregunto si el tema que trataré a lo largo de esta columna (el Consenso de Cornwall, cuyos documentos pueden consultarse en la siguiente liga), es el más trascendente de cuantos he abordado, ya que, ni más ni menos, se refiere a un nuevo paradigma económico que podría dominar el debate global durante las próximas décadas. Este representa un cambio hacia un nuevo modelo al cual quizás se ajusten y apeguen las principales economías del mundo a partir de una fecha muy próxima.

Al igual que muchos otros preocupados por la difícil e insostenible situación de pobreza y desigualdad que caracteriza al mundo y a la sociedad en que vivimos, en especial a nuestro querido México, me ha interesado mucho escuchar y conocer de nuevos planteamientos o propuestas de algún arreglo social y económico capaz de revertir esa situación. Y parece que en la escena pública y en los foros de decisiones económicas más importantes, se hace ahora presente dicha propuesta, que debemos conocer y analizar con el detenimiento que merece algo que quizás (¡ojalá!) de lugar a una sociedad más justa e igualitaria y que garantice la salud ambiental del mundo que heredaremos a nuestros hijos y a sus descendientes.

El pasado junio, los países del G7 (países que representan 40% de la economía global) se reunieron en Cornwall, Inglaterra, para discutir cómo hacer sus economías más resilientes ante crisis y cómo trabajar en solidaridad para cumplir esta meta. El resultado de esta reunión fue lo que llamaron el Consenso de Cornwall, una agenda de recomendaciones para construir una economía más resiliente. Esta resiliencia está basada en siete grandes temas: salud, comercio, cadenas de valor, cambio climático, economía digital, inversiones y mercado laboral. Esta agenda busca cambiar el rumbo de la política económica global, que por 40 años ha sido dominada por el paradigma del Consenso de Washington.

El Consenso de Washington se formuló como un decálogo de políticas orientadas a la liberalización y la estabilidad macroeconómica para resolver la crisis de los setenta y ochenta en medio de grandes déficits fiscales. Estás políticas ayudaron a los países a estabilizar sus haciendas y orientar sus mercados para competir en una economía global. Sin embargo, a 40 años de esta agenda, los alcances de estas reformas están llegando a su fin. Estas recomendaciones condujeron a las políticas de mercado y apertura comercial en países como México, en lo que ha dado en llamarse el periodo neoliberal.

The Cornwall Consensus https://www.g7uk.org/wp-content/uploads/2021/06/G7-Economic-Resilience-Panel-The-Cornwall-Consensus.pdf

Global Economic Resilience https://www.g7uk.org/wp-content/uploads/2021/10/G7-Economic-Resilience-Panel-Report.pdf 

Aun cuando los países recuperaron el crecimiento, fue un crecimiento desigual y enfrentado a metas ambientales y de sostenibilidad. Presenciamos los problemas de este modelo en la crisis de 2008, cuando los mercados financieros entraron en una de las crisis más graves de su historia. De manera más radical, vimos sus efectos también en 2020. Pero estas dos crisis son parte de una tendencia estructural en la que el modelo económico que esperaba rápidos ajustes para los perdedores del comercio. Este modelo tampoco incorporaba los costos de las externalidades negativas de la industria frente al riesgo de un aumento de 2 grados en la temperatura global para fin de siglo.

Hoy el G7 está buscando replantear la relación entre los sectores público y privado para crear una economía sostenible, equitativa y resiliente. El Consenso de Cornwall establece líneas generales sobre la revitalización del papel económico del Estado para solucionar problemas sociales, ambientales y de salud. En este Consenso, los Estados buscan definir las guías de política que adoptarán para el largo plazo y que probablemente definan el paradigma de la economía global para las próximas décadas.

Estas metas parten de una renovación del contrato social global, sobre cómo queremos que sea el mundo después de la pandemia. A diferencia de las intervenciones estatales del pasado, este consenso plantea la creación proactiva de mercados para una economía verde y del conocimiento. La primera de estas intervenciones para la resiliencia es en el dominio de la salud, dónde en un horizonte de corto plazo los países deberán garantizar la equidad en vacunación.

En segundo lugar, los Estados deberán realizar intensamente inversiones para reducir las emisiones de carbono mediante la transformación industrial. Estos son retos intergeneracionales en los que los países deberán tomar una posición en el costo de oportunidad entre contaminar y producir. Realizar inversiones en innovación será el camino para lograr la reducción de emisiones en lugar de solucionar el problema de la contaminación a posteriori.

En tercer lugar, los Estados plantearán una gobernanza digital en seguridad y para hacer frente a los grandes monopolios digitales. Asimismo, los países plantearán una forma común de abordar el tema de los criptoactivos. En cuarto lugar, el G7 buscará mayor apertura reduciendo las barreras administrativas que los países han construido a veces con fines proteccionistas. La apertura comercial seguirá siendo fundamental para enfrentar los retos económicos del futuro.

En quinto lugar, en inversiones, existe un acuerdo global en aumentar el gasto de inversión de los gobiernos, tentativamente en al menos 2% de los PIB nacionales. Este gasto se destinará a la recuperación, adoptando enfoques de largo plazo, cambiando el enfoque de gasto de los paquetes de rescate que vimos el año pasado. Por otra parte, reconociendo que existen perdedores de los mercados internacionales, es necesario cambiar hacia un enfoque que reemplace la redistribución por pre-distribución (un tema que podría dar pie a una renta básica). Asimismo, diferentes grupos quedaron fuera de los mercados laborales durante las décadas pasadas, en especial las mujeres, por lo que los países deberán trabajar en su inclusión.

Por último, fortalecer las cadenas de valor global y diversificarlas es una meta que se hecho evidente con la escasez de chips y la inflación derivada de la recuperación de la demanda de materias primas. Estas fortalecerán el comercio global, asegurando la continuidad del comercio global.

Aplicar el gasto público en la economía sólo tendrá sentido cuando se establecen metas en las dimensiones de la sustentabilidad. Por ejemplo, las empresas tendrán que cumplir metas ambientales y sociales si quieren tener acceso a los benéficos o regulaciones especiales del sector público. De igual manera, las organizaciones internacionales como el FMI cambiarán las condiciones de préstamo, que antes favorecían únicamente a los países que realizaban reformas para la estabilidad macroeconómica, para incluir estas condiciones de sustentabilidad.

Durante la reunión del G7 en Cornwall, la participación de Joe Biden planteó el deseo de que la democracia siga siendo el medio para enfrentar los retos del futuro. Este planteamiento se origina en el contexto del surgimiento global de los populismos. Una de las crisis derivadas del modelo del Consenso de Washington fue que esperaba que los ajustes en los mercados laborales fuesen menos disruptivos de lo que presenciamos la década pasada. Los movimientos populistas lograron atraer a los votantes descontentos por la pérdida de empleo en estos ajustes, con las promesas de retornar los trabajos a los países.

En relación con todo esto, ya se han dejado escuchar voces, como la del Financial Times, en donde se han preguntado si verdaderamente, los países líderes llevarán adelante las propuestas del multicitado Consenso de Cornwall. En el corto plazo podemos observar que ya se encuentran plasmadas en diferentes planes nacionales para la recuperación como el American Jobs Plan estadounidense, el Next Generation EU de la Unión Europea, el plan Francia 2030 y la Estrategia Nacional de Infraestructura del Reino Unido.

Por otra parte, estas metas se están reflejando en análisis de cooperación con el sector privado como el de Accenture y Oxford Economics en su reporte “Unleashing growth for maximum impact” que explora cómo los gobiernos pueden utilizar herramientas fiscales para maximizar la recuperación económica y la resiliencia. Estos temas los examinaremos en dos futuras colaboraciones, la próxima semana y la siguiente a esa.

Leave a comment