omo anticipábamos en las dos partes anteriores de esta columna, el Consenso de Cornwall representa el acuerdo de las grandes economías del planeta para cambiar de manera conjunta las políticas públicas que realizan, abandonando el neoliberalismo del Consenso de Washington y proponiendo una mayor participación del Estado para generar oportunidades laborales más justas, invertir en el medio ambiente, impulsar la innovación y fortalecer las cadenas de valor.

La pregunta obligada ahora, es cómo deberán orientar su acción los Estados para lograr lo anterior. Hasta ahora, tenemos ejemplos de países que se han planteado grandes metas en planes como el American Jobs Plan de Estados Unidos o la agenda Francia 2030 impulsada por el Emmanuel Macron. Como una posible respuesta a dicha pregunta, Accenture, empresa global con la que colaboro, y Oxford Economics, proponen una guía para que los países puedan diseñar y gestionar los grandes esquemas de gasto público que están aprobando.

El reporte conjunto de ambas consultoras “Unleashing growth for maximum impact: How governments can invest for economic growth and resilience” explora cómo los gobiernos pueden utilizar el gasto público para maximizar la recuperación económica y la resiliencia en un mundo en evolución. Casi todos los gobiernos respondieron a la crisis económica durante la pandemia de Covid-19 con grandes paquetes de gasto, generando compromisos fiscales para el corto plazo. En este reporte ambas consultoras pronostican una recuperación económica mundial con un crecimiento del PIB del 5.9% en 2021 y 4.8% en 2022 y 2022. A pesar de la velocidad de esta recuperación, aún no es suficiente para regresar a los niveles pre-pandemia.

Pocos gobiernos han reaccionado con propuestas ágiles para fomentar la innovación y la recuperación sostenible en el mundo post-pandemia. Los gobiernos deberán cambiar la forma de resolver el problema abandonado el enfoque de “apagar fuegos” que utilizaron en la incertidumbre durante 2020, y enfrentar el compromiso de actuar como estabilizadores económicos, reduciendo las disrupciones económicas e impulsando la renovación económica y social a largo plazo. Los factores estructurales de esta recuperación según ambas consultoras serán la competitividad, la tecnología digital, la administración pública y el gobierno electrónico, el medio ambiente, los mercados laborales y la desigualdad, las competencias, y la innovación.

Para preparar el terreno para una política fiscal eficiente, Accenture y Oxford Economics plantean tres recomendaciones: La primera consiste en apoyar y transformar el mercado laboral. Los gobiernos deberán pensar cómo dar fin a los esquemas de rescate al empleo planteados en 2020 y fomentar los puestos de trabajo que han cambiado a nuevos sectores de crecimiento, entrenando a la fuerza laboral en nuevas habilidades.

En segundo lugar, minimizar las cicatrices económicas recuperando la estabilidad macroeconómica después de comprometer grandes gastos y deuda pública. En tercer lugar, fomentar la demanda mediante el gasto de los ahorros acumulados en la pandemia. Estos recursos son la clave para impulsar un boom de consumidores y reactivar las demandas nacionales.

Al preparar o ignorar estos elementos, los países entrarán en los siguientes escenarios en los próximos 5 años: Un boom de los consumidores con crecimiento del PIB entre 2022 y 2026. Los hogares y los negocios aumentan su gasto y confianza, estimulando el PIB. En segundo lugar, un Covid-19 de largo plazo con ligera caída en el PIB entre 2022 y 2026. Las nuevas variantes obligan a los países a una cuarentena prolongada durante 2022. La recuperación se vuelve más lenta por la incertidumbre de nuevas restricciones. Los inversionistas evitan riesgos.

El tercer escenario es el del escepticismo del consumidor con una caída mediana en el PIB entre 2022 y 2026. Los consumidores no desean gastar su ahorro en medio de la incertidumbre. La vacunación y la distancia social no terminan en 2022. Y en cuarto lugar el regreso de la inflación con una gran caída en el PIB entre 2022 y 2026. La inflación regresa a medida que se consume más y el comercio se reactiva. Los bancos centrales intentan controlar esta inflación, pero permanece como una tendencia de largo plazo y el crecimiento se desacelera.

Las oportunidades del presente son la expansión de la vacunación, la confianza del consumidor se recupera y la política monetaria responde gradualmente ante los cambios en precios. Pero los riesgos son una vacunación incompleta, una inflación difícil de controlar y disrupciones a las cadenas de valor.

Los gobiernos en 2022 deberían considerar una mayor inversión pública en comparación con el pasado, aprovechando los bajos costos de endeudamiento, como parte del consenso general que respalda una política fiscal activa.

Inmersos en este paradigma de destinar mayor gasto público, los países pueden contribuir a una mayor rentabilidad del gasto público con las siguientes cuatro acciones. La primera consiste en diseñar una estrategia fiscal dinámica. Los elementos de esta estrategia deberán ser orientar las inversiones públicas que tengan multiplicadores fiscales grandes y permanentes. Crear fondos directos que contribuirán a impulsar el crecimiento inclusivo y sostenible. Evitar múltiples proyectos pequeños y descoordinados sin fuerza de transformación. Focalizar el gasto en áreas clave como la transformación digital y la sostenibilidad. Así como ejercer el gasto de acuerdo con la estabilidad macroeconómica.

La segunda implica plantearse grandes metas y actuar con grandes planes nacionales. El plan de gasto EU Next Generation de la Unión Europea ya incorpora un enfoque del lado de la oferta para elevar la tasa de crecimiento, abordar problemas estructurales y promover las inversiones digitales y verdes. Por otra parte, el American Jobs Plan busca inversiones notables en infraestructura y fabricación, I + D, resiliencia de la cadena de valor y desarrollo de la fuerza laboral. Asimismo, el plan Francia 2030 propone grandes inversiones en innovación y economía verde.

La tercera acción busca dirigir las inversiones para lograr el máximo impacto. Esto es, incrementar la capacidad institucional para modelar y cuantificar los impactos económicos y sociales de los grandes programas. Comprender y aprovechar la relación entre los programas y su evaluación. Iniciar cambios de diseño, operativos y de procesos, así como las políticas complementarias. Experimentar con la planificación de escenarios para comprender los riesgos.

En cuarto lugar, aumentar la capacidad para ejecutar con éxito. Fomentar un liderazgo sólido y una visión política para garantizar el uso eficaz de los fondos. Desarrollar marcos de gobernanza sólidos. Reformar las compras públicas para aumentar la eficiencia. Mejorar la colaboración entre gobierno y socios de la industria. Crear marcos y metodologías para evaluar. Reimaginar cómo se realiza el trabajo del gobierno para impulsar la productividad y preparar a la fuerza laboral con las habilidades que necesitan para el futuro.

Ahí estarán estos nuevos planes y realidades, que buscarán un crecimiento más igualitario e inclusivo. De consenso en consenso seguimos en la búsqueda de un mundo mejor. Ojalá que ahora sí lo alcancemos. Ya veremos.

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