Mientras en prácticamente todas las regiones del mundo observamos manifestaciones desconcertantes del estado del tiempo como incendios forestales, huracanes con mayor frecuencia y gravedad, el incremento del nivel del mar, graves inundaciones que aparecen por aquí y por allá, los gobiernos no parecen estar verdaderamente comprometidos con resolver el problema del cambio climático.

A lo largo de un periodo de 12 días, los representantes de 197 países se reunieron en la ciudad de Glasgow para discutir las acciones que tomarían para enfrentar el cambio climático en la 26a Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26). Los resultados de estas discusiones fueron calificados por muchos, como insuficientes para llegar a la meta planteada en el Acuerdo de Paris, de evitar un aumento en la temperatura global de más de 1.5 grados para finales de siglo. A pesar de generar un compromiso moderado, la COP26 representa un cambio radical en la forma en cómo los países están abordando este problema en sus políticas públicas.

La COP26 fue planteada en medio de grandes expectativas de la sociedad civil y países participantes para definir más concretamente las políticas para alcanzar la meta de 1.5 grados, pero también ha mostrado los problemas para llegar a un acuerdo global eficiente para todos los países. El Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, señaló al concluir la COP26 que, “El resultado de la COP26 es un compromiso. Refleja los intereses, las contradicciones y el estado de la voluntad política en el mundo de hoy. Es un paso importante, pero no es suficiente “.

Los resultados de la COP26 en el Acuerdo de Glasgow no generan un compromiso vinculante para la meta de 1.5 grados, pero convocan a los gobiernos que regresen el próximo año con objetivos a corto plazo y concretos alineados con el Acuerdo de París. Un hecho relevante y significativo es que la COP26 también crea una convergencia entre inversores, empresas, ciudades y regiones subnacionales para transformarse. También crea el primer paso para abandonar el carbón y reducir el uso de los combustibles fósiles.

Los debates en Glasgow confrontaron a países con especializaciones económicas diversas. Los productores energéticos y países en un estado de industrialización acelerada como China e India fueron reticentes a generar compromisos. Los borradores del acuerdo presentaron como meta “la eliminación progresiva de la energía del carbón y de los subsidios ineficientes para los combustibles fósiles”. Las palabras contenciosas en estas discusiones fueron “progresiva” e “ineficientes”, con las que estos países generaron una ventana para continuar el uso de estos combustibles.

Un segundo punto que los países acordaron fue aumentar el financiamiento para combatir el cambio climático. Y también invitar a los bancos de desarrollo y al sector privado para que mejoren el acceso a estos recursos. Los países en desarrollo definieron la agenda de financiamiento como un tema de cooperación fiscal con los países desarrollado. Las negociaciones plantearon la idea de que existan trasferencias de recursos de los países ricos a las economías en desarrollo. En esta reunión, los países en desarrollo buscaron que los países más ricos paguen proporcionalmente más por su impacto en “perdidas y daño” al medio ambiente. Se generaron las reglas para un mercado de carbono y se llegó a un compromiso para terminar con la deforestación.

A pesar de este resultado limitado, estos debates hubieran sido impensables hace tan sólo 10 años. La COP26 reveló tres importantes transformaciones; La primera es una colaboración impulsada por la industria privada interesada en transformar sus prácticas: en la aviación, la energía, los automóviles, el acero, la moda, los bienes de consumo, la agricultura y otras. En segundo lugar, el nacionalismo jugó un papel menos importante en las negociaciones, a pesar del conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Por último, la COP26 ya no sólo se centró en los países como los actores del cambio, sino que sentó a las organizaciones de la sociedad civil y a las empresas en la mesa.

Pero las iniciativas más interesantes sucedieron al margen del gran acuerdo. Un ejemplo es la iniciativa “Beyond Oil and Gas Alliance (BOGA)”, una iniciativa de Dinamarca y Costa Rica para comprometerse a poner fin a las nuevas rondas de licitación para la exploración y producción de petróleo y gas. Este planteamiento, ha sido suscrito por Francia, Irlanda, Suecia y los gobiernos subnacionales de Quebec y Gales. Ésta es una meta ambiciosa, sobre todo para Francia y Dinamarca que poseen grandes empresas de exploración y producción en las que el Estado es un inversionista.

Otro ejemplo es el “Compromiso global de metano”, liderado por Ursula von der Leyden, presidente de la Comisión Europea, el Compromiso reunió a 100 países. Éste consiste en reducir las emisiones globales de metano de la actividad humana en un 30% para 2030. En este contexto, el Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, anunció que su país fue el primero en comprometerse a cumplir el objetivo más ambicioso establecido por la Agencia Internacional de Energía para reducir en un 75% las emisiones de metano relacionadas con la energía para 2030.

Con estos resultados, los países deberán volver a sentarse a la mesa de negociaciones el próximo año para formular un compromiso más concreto. Aún no conocemos si las acciones que emprenderán los gobiernos serán oportunas y suficientes para prevenir el aumento de 1.5 grados. Pero ya se han generado los compromisos para volver a discutir las barreras que, por el momento, retrasaron la decisión de transformar la economía en una economía que luche contra el cambio climático.

Me ha llamado la atención (a mí y a muchos más), la forma en que nuestro país desdeñó esta importante reunión a favor del combate al cambio climático, aunque esta actitud no parece una novedad si tomamos en cuenta la postura de nuestro gobierno respecto de la generación de energías limpias o el uso de combustibles fósiles. Ojalá que, finalmente, la realidad se imponga y podamos reconsiderar las políticas públicas que van en contra de esta tendencia mundial, pues lo que sí es muy claro y evidente es que este cambio climático no perdonará a nadie.

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